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En plena búsqueda global de soluciones frente a la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la degradación del suelo, los pastizales y las comunidades pastoriles ganan protagonismo como aliados clave. Así lo advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura a partir de una entrevista con su subdirector general, Thanawat Tiensin, en la que se subraya su papel estratégico en la construcción de sistemas agroalimentarios más sostenibles y resilientes, en el marco del Año Internacional de los Pastizales y los Pastores 2026 impulsado por Naciones Unidas.

En un contexto global marcado por la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la degradación de la tierra, los pastizales emergen como una pieza estratégica —y todavía infravalorada— para avanzar hacia sistemas alimentarios sostenibles. Así lo subraya la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, que ha situado estos ecosistemas en el centro del debate internacional con la declaración de 2026 como Año Internacional de los Pastizales y los Pastores.
Según explica el subdirector general de la FAO, Thanawat Tiensin, en una entrevista concedida a la Sala de Prensa de la organización, estos territorios no solo sustentan la producción de alimentos, sino que también desempeñan un papel clave en la regulación ambiental y la resiliencia climática.
Mucho más que tierras “improductivas”
Durante décadas, los pastizales han sido considerados espacios marginales o poco productivos. Sin embargo, esta visión es engañosa. Se trata de ecosistemas extremadamente diversos que incluyen sabanas, praderas, estepas, zonas montañosas y humedales, distribuidos en todos los continentes.
Lejos de ser terrenos vacíos, albergan una gran riqueza biológica y constituyen la base de sistemas pastoriles que han sostenido a comunidades humanas durante milenios. De hecho, se estima que ocupan aproximadamente la mitad de la superficie terrestre del planeta, lo que los convierte en uno de los sistemas ecológicos más extensos del mundo.
Un pilar silencioso de la seguridad alimentaria
Los datos son contundentes: alrededor de 2.000 millones de personas dependen directa o indirectamente de los pastizales, y cerca del 10% del suministro mundial de carne procede de estos sistemas.
Más allá de su función productiva, estos ecosistemas son esenciales para la biodiversidad. Albergan especies emblemáticas como antílopes, búfalos o rinocerontes, pero también otras menos conocidas como los guanacos en América del Sur. Además, pueden contener una enorme diversidad vegetal: en algunos casos, hasta 100 especies distintas en una misma superficie.
El pastoreo, lejos de degradar el entorno cuando se gestiona adecuadamente, contribuye a su regeneración. El movimiento del ganado ayuda a dispersar semillas y favorece la recuperación de la vegetación, conectando distintos ecosistemas.
Guardianes del territorio y del conocimiento
Los pastores —cuyos medios de vida dependen del pastoreo de animales— no solo producen alimentos, sino que actúan como auténticos gestores del territorio. Su movilidad, conocida como trashumancia, permite adaptarse a la disponibilidad de recursos y mantener el equilibrio ecológico.
Este modelo de vida, reconocido incluso como patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO, se basa en conocimientos tradicionales acumulados durante generaciones: desde el manejo sostenible del suelo hasta prácticas etnoveterinarias o el uso de plantas medicinales.
Amenazas crecientes y falta de reconocimiento
Pese a su valor estratégico, los pastizales están en riesgo. Según la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, cerca de la mitad de estos ecosistemas están degradados.
Entre las principales amenazas destacan la expansión urbana, la agricultura intensiva, la minería o incluso proyectos de energías renovables mal planificados. A esto se suman factores económicos —como el bajo acceso a mercados— y sociales, como la falta de reconocimiento de los derechos de uso de la tierra de las comunidades pastoriles.
El cambio climático agrava aún más esta situación. La disminución de las precipitaciones, el aumento de fenómenos extremos y la escasez de agua están reduciendo la productividad de los pastizales y poniendo en jaque los medios de vida de millones de personas.
Una solución climática basada en la naturaleza
Frente a este escenario, la FAO insiste en que los pastizales no son parte del problema, sino de la solución. Estos ecosistemas pueden almacenar hasta el 30% del carbono mundial, contribuyendo a mitigar el cambio climático.
Además, los sistemas pastoriles utilizan pocos combustibles fósiles y se basan en razas animales adaptadas a condiciones extremas, lo que los convierte en modelos resilientes y sostenibles.
Tal y como señala Tiensin en la entrevista, “los pastizales y los pastores forman parte de la respuesta” a las crisis ambientales actuales, siempre que se garantice su protección y una gestión adecuada.
El reto: proteger, restaurar y reconocer
La restauración de los pastizales —ya sea mediante una mejor gestión del pastoreo o intervenciones más activas— puede mejorar no solo la salud de los ecosistemas, sino también la seguridad alimentaria y los ingresos de las comunidades.
Sin embargo, el futuro de estos sistemas depende en gran medida de políticas que reconozcan los derechos sobre la tierra, refuercen la gobernanza y promuevan la inclusión, especialmente de mujeres y jóvenes.
La declaración de 2026 como Año Internacional de los Pastizales y los Pastores busca precisamente visibilizar este desafío. Porque, en un planeta que necesita urgentemente soluciones sostenibles, estos ecosistemas —históricamente ignorados— podrían ser una de las claves para alimentar al mundo sin destruirlo.
