Los zarpazos en la salud del calor extremo: desafíos y soluciones

Salud

Los episodios de calor extremo, que son cada vez más frecuentes, tienen efectos directos e indirectos sobre la salud humana. Incrementan la morbilidad, la mortalidad y ahondan en la brecha de la desigualdad, porque quien menos tiene, sufre más sus consecuencias. Un informe analiza la situación en España y propone soluciones.

El informe, realizado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), en colaboración con DKV, aborda las tendencias climáticas en España hasta 2050, así como sus impactos sobre la mortalidad, el sistema sanitario, el entorno escolar y los grupos más vulnerables, entre otros aspectos, con el objetivo de tratar de revertir la situación.

Los umbrales de peligro

Apunta que los umbrales de peligro de las altas temperaturas no son universales, sino que varían según la región y la climatología local, porque una temperatura máxima de 36 ºC puede constituir una ola de calor en el norte de España, mientras que en Sevilla o Córdoba ese mismo valor puede ser habitual durante semanas.

Esto explica que los impactos en la salud durante las olas de calor son «especialmente severos» en poblaciones que no están aclimatadas a temperaturas extremas.

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Un termómetro marca 50 grados, en Bilbao. EFE/ Luis Tejido

La ubicación de España la sitúa en una posición de mayor vulnerabilidad debido al clima de base cálido y semiárido, la elevada variabilidad natural, la demografía envejecida y una economía «con sectores estratégicos» como el turismo, la agricultura o la construcción, «todos ellos altamente expuestos al calor».

«Comprender qué nos dicen los modelos climáticos sobre la evolución futura de las olas de calor en nuestro país es, por tanto, una prioridad para cualquier ejercicio serio de planificación sanitaria y social», señala el documento.

Las noches tropicales, la ciudad y el campo

No pasa por alto que un «elemento frecuentemente subestimado» en el análisis de las olas de calor es la temperatura mínima nocturna, de hecho, resalta que las proyecciones climáticas avanzan que el número de noches tropicales será uno de los efectos más significativos del cambio climático en las áreas urbanas del sur de Europa.

Recuerda que el calor extremo en las ciudades afecta más que en los entornos rurales, ya que superficies como el asfalto y el hormigón aumentan el calor, a lo que se une menor vegetación.

Y es que con el escenario de emisiones de gases de efecto invernadero en el planeta, las proyecciones indican que para 2050 la temperatura media en España aumentará entre 1,5 y 2,5 grados respecto al periodo de referencia. Habrá entre cinco y ocho olas de calor al año, frente a las 2 o 3 actuales.

«En otras palabras, España no solo se calienta, lo hace a un ritmo especialmente rápido», asevera el informe.

Lo que el calor provoca en el organismo

Los efectos del calor en el organismo son diversos. Para adaptarse genera vasodilatación periférica, taquicardia, taquipnea y aumento de la sudoración.

Cuando las temperaturas superan la capacidad de compensación fisiológica, sobre todo si son personas con enfermedades crónicas, edad avanzada, niños, embarazadas o se encuentran en situación de vulnerabilidad socioeconómica, los efectos aumentan.

En concreto, las alteraciones por el calor afectan a los sistemas cardiovascular, respiratorio, neurológico y metabólico. Si no se toman medidas puede derivar en síntomas como mareos, vómitos, alteración de la conciencia, taquicardia, estado de coma y la muerte.

Los trabajadores con empleos al aire libre (el riesgo de accidente por calor es un 21 % en los trabajos de agricultura) también forman parte de los colectivos más vulnerables a las altas temperaturas.

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Un turista descansa a la sombra de un árbol en el Patio de los Naranjos, en Córdoba. EFE/Rafa Alcaide

Con cada grado que aumenta la temperatura, se incrementa un 18 % la morbilidad (el número de personas que enferman); y un 35 % la mortalidad, de hecho, según el documento, se espera que en 2025 las muertes relacionadas con el calor se multipliquen por 3,6.

Los episodios de calor extremo aumentan la mortalidad sobre todo de las personas mayores por causas respiratorias y cardiovasculares, también suben los ingresos hospitalarios -con la consiguiente presión del sistema sanitario-, así como los partos prematuros y los accidentes laborales y de tráfico.

La salud mental no escapa del calor. Según un estudio poblacional sobre más de 3 millones de adultos en el área metropolitana de Barcelona, que cita el informe, las temperaturas altas disparan el riesgo de diagnóstico de ansiedad (un 43 %) y de depresión (un 26 %), así como la prescripción de psicofármacos y las bajas laborales.

Reducir las emisiones

A juicio de los autores, España necesita pasar de gestionar el calor extremo como «una emergencia puntual» a integrarlo como un riesgo estructural en sus sistemas de salud, sus infraestructuras, su planificación urbana y sus políticas laborales y educativas.

Y el impacto «será especialmente importante» para las nuevas generaciones, porque las estimaciones indican que alrededor de la mitad de los que han nacido en 2020 experimentará una exposición crónica «sin precedentes» bajo un escenario de subida de 1,5 ºC de la temperatura global. En un escenario más crítico de aumento de 3,5 ºC en 2100.

El documento del ISGlobal propone una serie de soluciones de varios ámbitos, con criterios de «equidad y con la evidencia como guía».

Así, urge a la reducción sostenida de las emisiones de gases de efecto invernadero e insiste en que mitigar el cambio climático constituye «un eje estratégico imprescindible para proteger la salud humana en las próximas décadas» y para ello considera necesario abordar las causas estructurales del calentamiento global.

«Reducir las emisiones que alimentan el problema sigue siendo la única apuesta que hace todas las demás menos urgentes con el tiempo», asevera.

Las herramientas existen

Al margen de las emisiones y para mitigar los efectos en la salud del calor extremo, considera que los sistemas de alerta temprana son junto con los planes de contingencia sanitaria, «los instrumentos de salud pública con mayor evidencia de eficacia para reducir la mortalidad».

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EFE/ Maria Aguilella Pardo

En España, la ley obliga a las comunidades autónomas a contar con sistemas de vigilancia y alerta precoz e intercambio de datos interoperable y el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas del Ministerio de Sanidad establece cuatro niveles de riesgo identificados por un código de colores.

Enumera, asimismo, consejos de autocuidado ante las altas temperaturas como beber agua y líquidos con frecuencia, hacer comidas ligeras con alto contenido en agua (como verduras y frutas), reducir la actividad física al aire libre en las horas centrales del día o bajar toldos y persianas de la vivienda durante el calor y ventilar durante la noche y primeras horas de la mañana.

En cuanto a las viviendas, mejorar la eficiencia energética ha demostrado beneficios en la reducción de síntomas respiratorios y cardiovasculares, sin embargo, más de la mitad de las personas en situación de vulnerabilidad en España no puede mantener una temperatura adecuada en su vivienda durante el verano, frente al 33,6% de la población general.

Según el informe, en España las herramientas para mitigar los efectos del calor extremo en la salud existen: los sistemas de alerta temprana, de vigilancia epidemiológica, los planes de contingencia sanitaria para evitar el colapso de urgencias cuando se activan con anticipación y la rehabilitación de viviendas para mejorar la salud de las personas más vulnerables, además la regulación laboral protege a los trabajadores expuestos «cuando se aplica y se fiscaliza».

Voluntad política

Sin embargo, la implementación de medidas es «desigual» entre territorios, su financiación es insuficiente «en muchos casos», y su evaluación, «condición mínima para la mejora continua, no está sistemáticamente garantizada».

«Cerrar esa brecha no requiere descubrir nuevas soluciones: requiere voluntad política, recursos proporcionales a la magnitud del riesgo y mecanismos de rendición de cuentas que hoy son la excepción», sentencia el informe del ISGlobal, que urge también a diseñar políticas de adaptación al calor con perspectiva de género.

Para los autores, «cada décima de grado que se evita, cada plan de contingencia que se implementa, cada vivienda que se rehabilita, cada persona mayor que deja de estar sola en una ola de calor es evidencia de que el problema se puede mitigar cuando existe voluntad política».

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