El gran fallo de los equipos directivos

Educación

En los centros educativos gran parte de las decisiones que marcan el rumbo académico y organizativo se toman en reuniones: del equipo directivo, en los claustros, a través encuentros con coordinadores o con tutorías internas. En ellas, en teoría, se alinean objetivos, se detectan problemas y se activan soluciones. Sin embargo, en la práctica, muchas de estas conversaciones fracasan en lo esencial: no generan acuerdos claros ni impulsan acciones concretas.

En un contexto de creciente complejidad —marcado por la gestión de datos, la convivencia escolar, la presión por los resultados y la necesidad de innovación—, saber conducir conversaciones efectivas se ha convertido en una competencia clave del liderazgo educativo. No se trata solo de comunicar, sino de dirigir el diálogo con intención, estructura y foco estratégico. La pregunta, entonces, es: ¿cómo transformar las reuniones en verdaderos espacios de acción y no en meros intercambios de opiniones?

¿Qué debe hacerse para tener una conversación efectiva?

Parece algo ‘obvio’, pero todavía hay quienes fallan en lo esencial en cualquier reunión: determinar su propósito. Es básico anunciar con tiempo y de forma clara el asunto y, si es el caso, las decisiones que deberán tomarse al respecto. Para ello, se debe haber revisado previamente la información facilitada, porque la finalidad es incitar a la acción y no quedarse en la queja. Una conversación bien planteada ayuda a obtener el apoyo de los interlocutores al tiempo que genera confianza y buena sintonía, lo que a su vez llevará a afianzar las relaciones profesionales.

También hay cuestiones prácticas que considerar: olvidar los formalismos de las introducciones corporativas y exponer la cuestión (o cuestiones) sin rodeos, con datos clave y evidencias: datos académicos, indicadores de convivencia, encuestas o informes de gestión… Así como ofrecer propuestas si gira en torno a un problema en concreto.

De igual modo, hay que aceptar el desacuerdo de opiniones porque permite un debate crítico, así como conectar cada punto que se trate con el objetivo estratégico del centro escolar. El cierre de la conversación debe ser eficaz: elaborar un resumen de qué se va hacer, cuándo y a quién le corresponde. Evaluar si las decisiones se implementan en reuniones posteriores, permitirá saber si las conversaciones son eficaces y aportan valor.

Mantener reuniones efectivas

¿Hay una fórmula perfecta?

Todos los métodos o enfoques para lograr una conversación efectiva tienen sus pros y contras, según los expertos. Por ejemplo, si se emplean anécdotas, estas resultarán atractivas, pero el resultado puede salir distorsionado, ya que no representan a toda la situación planteada. Si se apoyan en lo que otros ya han experimentado, se sabrán las razones de porqué ocurren determinados sucesos, pero estarán desvinculadas del contexto real a tratar. Y si se usan marcos de trabajo con instrucciones, las conversaciones serán fáciles de seguir al basarse en principios generalizados, pero no se adaptarán a un diálogo real.

En cualquier caso, los especialistas se refieren a una serie de pautas o normas para conseguir mantener conversaciones efectivas:

Fomentar la participación y el compartir ideas

Incluso entre directivos o responsables de diferentes niveles jerárquicos, ya que se genera la sensación real de que se escucha a todos. Para ello, es básico administrar bien los tiempos, de modo que intervengan todos o mantener conversaciones con grupos pequeños o sólo con un par de interlocutores.

Dialogar de forma más activa y ganar un alto grado de confianza

Es lo que conlleva respetar los turnos, hablar uno tras otro. Ese respeto mutuo mejora el intercambio de información y supone una mayor coordinación entre los interlocutores.

Orientar la conversación hacia el presente o el futuro

Facilita que la conversación fluya más, ya que se genera una sensación de proactividad y uno tiende a tener más confianza al ponerse sobre la mesa los retos y problemas que pueden presentarse, que hay deseo de encararlos. Tratar los objetivos actuales o planificar escenarios futuros con nuevas oportunidades animará el diálogo, porque desecha el arrepentimiento y apuesta por el siguiente paso a dar.

Dejar de lado lo personal y centrarse principalmente en lo profesional

Suele beneficiar a las conversaciones, ya que los participantes sienten que quien las dirige es una persona competente y se cumple con las expectativas que se habían marcado. Eso no quita para que, acotándolo bien, se dedique un corto espacio inicial a una charla informal y más personal –sin perder del todo el nexo laboral– que anime a conectar entre sí a los directivos, que se perciba una buena relación y cercanía profesional. 

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