Entre la esperanza y el temor: qué piensa la sociedad española sobre la inteligencia artificial

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La inteligencia artificial despierta expectativas y recelos a partes casi iguales en España. Según el estudio Actitudes hacia la Inteligencia Artificial en España de la Fundación BBVA, una parte mayoritaria de la ciudadanía considera que esta tecnología complementará el trabajo humano en lugar de sustituirlo, aunque persisten preocupaciones relevantes en ámbitos como la privacidad, la veracidad de la información o la salud mental.

Entre la esperanza y el temor: qué piensa la sociedad española sobre la inteligencia artificial

La inteligencia artificial se ha consolidado en poco tiempo como una de las innovaciones tecnológicas más influyentes de la actualidad. Su rápida expansión y el alcance de sus posibles impactos —desde la economía y el empleo hasta la educación, la cultura o la medicina— han situado esta tecnología en el centro del debate público, empresarial y regulatorio.

En este contexto, la Fundación BBVA ha analizado cómo percibe la sociedad española esta transformación tecnológica a través del informe Actitudes hacia la Inteligencia Artificial en España, concebido como una primera medición del grado de conocimiento, expectativas y usos de la IA entre la población.

Uno de los principales hallazgos del estudio es la alta visibilidad pública que ha alcanzado esta tecnología en muy poco tiempo. Ocho de cada diez personas mayores de 18 años afirman haber oído hablar de chatbots como ChatGPT, Gemini o Copilot. Sin embargo, esta notoriedad no siempre se traduce en un conocimiento profundo: el 55% de la población afirma entender qué es la inteligencia artificial, mientras que el 45% reconoce tener una comprensión limitada o nula.

Los niveles de comprensión más elevados se registran entre los hombres, los grupos más jóvenes —especialmente entre 18 y 44 años—, las personas que estudian o trabajan y quienes cuentan con mayor nivel educativo.

Una tecnología con promesas y temores

El estudio revela que predomina una percepción moderadamente optimista sobre el impacto de la inteligencia artificial. El 47% de los ciudadanos considera que contribuirá a mejorar la sociedad, frente a un 39% que cree que la empeorará.

En términos laborales, la opinión mayoritaria apunta a que la IA actuará como una herramienta de apoyo al trabajo humano más que como un sustituto, reforzando capacidades y aumentando la productividad.

Las expectativas positivas son especialmente altas en determinados ámbitos. Según el informe, el 79% de los encuestados cree que la inteligencia artificial mejorará la medicina y la salud, el 63% espera avances en la productividad laboral y el 60% en el entretenimiento. También se anticipan efectos beneficiosos en la formación (59%), la persecución del delito (59%) y la creación artística (52%).

Preocupaciones en privacidad, información y relaciones sociales

A pesar de estas expectativas, el informe también muestra una fuerte preocupación social por los posibles efectos negativos de la IA en determinados ámbitos.

El principal temor se relaciona con la privacidad: el 71% de los ciudadanos cree que la inteligencia artificial podría empeorarla. También se perciben riesgos en las relaciones personales (61%), en la veracidad de la información (59%), en la salud mental (55%) y en el impacto sobre las campañas electorales (51%).

El empleo aparece igualmente entre las áreas sensibles, aunque con menor consenso: el 48% considera que podría verse perjudicado.

Rechazo a delegar decisiones críticas en la IA

Otra de las conclusiones del estudio es que la ciudadanía sigue mostrando reticencias a que la inteligencia artificial asuma determinadas funciones sensibles.

La mayoría de los encuestados rechaza su uso en ámbitos como el acompañamiento psicológico, los servicios de atención al cliente, el diagnóstico médico, la conducción autónoma o la realización de operaciones quirúrgicas.

Asimismo, la percepción dominante es que, en la mayoría de los trabajos, los sistemas de IA funcionando de forma autónoma rendirían peor que las personas. La única excepción clara es la traducción entre distintos idiomas, donde una amplia mayoría considera que estas herramientas pueden ofrecer mejores resultados.

Generación digital y mayor aceptación de la tecnología

El informe también detecta diferencias significativas según el perfil de los usuarios. Las personas que utilizan con mayor frecuencia herramientas de inteligencia artificial —principalmente jóvenes, individuos con mayor nivel educativo o con mayores habilidades digitales— muestran una actitud más favorable hacia esta tecnología.

Estos grupos tienden a tener expectativas más optimistas sobre sus beneficios y menos reservas respecto a sus posibles impactos negativos.

Entre el determinismo tecnológico y la capacidad de regulación

El debate público sobre la inteligencia artificial, según recoge el informe, se mueve entre dos visiones contrapuestas. Por un lado, la idea de que el avance tecnológico es inevitable y acabará imponiéndose en todos los ámbitos de la vida social. Por otro, la perspectiva de que la evolución de estas tecnologías puede y debe ser moldeada por decisiones humanas, a través de regulación, políticas públicas, códigos éticos empresariales y los propios usos de la ciudadanía.

La experiencia histórica demuestra que las sociedades disponen de instrumentos para orientar el desarrollo tecnológico y aprovechar sus beneficios, al tiempo que se gestionan sus riesgos. En ese equilibrio entre innovación y gobernanza se sitúa, precisamente, uno de los grandes retos que plantea la inteligencia artificial en los próximos años.

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