Noti-RSE
Es necesario que las empresas cuenten con apoyo para poder cumplir con normas y que las consecuencias de sus acciones no perjudiquen al Medio Ambiente.
Para ello se busca contar con tecnología de vanguardia que evite tener que responsabilizarse de las consecuencias ante gobiernos, tribunales, etc. La investigación y el desarrollo, en materia ambiental suele ser muy costosa, conlleva riesgos y las empresas nunca están seguras de los resultados.
Cualquier factor que aumente los costos o los riesgos desalentará la iniciativa. Por lo tanto, reducir los riesgos en cuestiones ambientales debería conducir a más innovación.
Sin embargo, cierto tipo de riesgos se pueden neutralizar con una política pública correcta. Entre los problemas posibles, destacan tres: las complicaciones que por sí generan las evaluaciones ambientales oficiales, el surgimiento del concepto de licencia social y los efectos de los cambios constantes en los cargos fiscales y regulatorios.
Estas variables intervinientes, incrementan los riesgos de inversión por parte de las empresas y podrían inducir al abandono de proyectos potencialmente exitosos. Y si se intenta reemplazar o mejorar las infraestructuras es una pesadilla económica y la burocracia no es tan amigable para fomentar el desarrollo de nuevas tecnologías que logren ser fructíferas. Por lo tanto, la primera medida sería gestionar de forma más ágil lo referente a las diversas evaluaciones del Medio Ambiente.
Por último, una empresa que se compromete a realizar una inversión importante, ya sea en material de infraestructura o de innovación, como toda empresa, espera a la postre un retorno de su inversión y que dé rentabilidad suficiente como para que se sigan arriesgando a hacer operaciones importantes.
El rendimiento calculado es siempre hipotético, y generalmente incierto, ya que el futuro es complicado de descifrar en este sentido, pero uno de los factores preponderantes para poder ver el retorno es el costo de la regulación y la tributación. Este tipo de ambientes desmotiva a la inversión tanto nacional como extranjera, ya que crea incertidumbre adicional y con altas probabilidades que el remedio sea peor que la propia enfermedad.
