Gastrostomía, cuando tu boca está en el abdomen

Salud

«La gastrostomía percutánea es, en la forma y en el fondo, una sonda de alimentación que colocamos en el estómago a través de la pared abdominal, guiándonos con un endoscopio», explica el Dr. José Carlos Marín Gabriel, especialista en aparato digestivo del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid.

«La idea es sencilla: si una persona no puede alimentarse por la boca con seguridad, creamos una vía alternativa que lleva la nutrición directamente al estómago, saltándonos la boca, la garganta y el esófago», describe.

«La gastrostomía está pensada para pacientes cuyo tubo digestivo funciona con normalidad: el estómago digiere bien y el intestino absorbe bien. Sin embargo, tienen un problema en el tramo superior: la deglución», concreta el también director científico del Instituto Clínico del Aparato Digestivo (ICAdig).

Las causas más habituales para recibir una gastrostomía endoscópica percutánea (PEG, por sus siglas en inglés) son enfermedades neurológicas como el ictus o la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), tumores de cabeza, cuello o esófago que dificultan o impiden tragar, y algunas otras situaciones en las que existe riesgo de desnutrición grave.

Conviene aclarar, a la vez, que la gastrostomía no es una técnica de última hora ni urgente. Se coloca de forma programada, con planificación, en el contexto de una estrategia nutricional global. El procedimiento en sí dura entre veinte y cuarenta minutos y el paciente puede recibir nutrición vía sonda abdominal pocas horas después.

Existen, sin embargo, tres indicaciones especiales para emplear la gastrostomía, que no tienen que ver con la dificultad para tragar.

La primera es la gastroparesia grave, un trastorno en el que el estómago no se vacía con normalidad. En estos casos la PEG puede utilizarse para prolongar la sonda hasta el intestino delgado de modo que la nutrición llega directamente más abajo, saltando el estómago que funciona mal. No es la indicación más frecuente, pero en algunos casos ayuda a que toleren la alimentación.

La segunda indicación en este sentido es la colocación de estas prolongaciones al intestino delgado en pacientes con enfermedad de Parkinson avanzada. Aquí no se coloca la sonda para mejorar la nutrición, sino para administrar una variedad de fármaco en gel (levodopa / carbidopa) y en infusión con bomba, lo que permite un mejor control de las manifestaciones neurológicas del párkinson en algun@s pacientes.

Finalmente, la tercera indicación es la gastrostomía de descarga o descompresiva, que se emplea en pacientes con obstrucción intestinal avanzada, habitualmente en contextos oncológicos paliativos. Aquí el objetivo no es nutrir, sino aliviar: drenar el contenido gástrico que no puede avanzar de forma natural, reducir los vómitos repetidos y mejorar el confort del paciente.

Sin embargo, desde la aparición hace unos años de una técnica por ecoendoscopia que permite crear una conexión entre el estómago y el intestino mediante una prótesis especial y se logra un baipás de la zona obstruida, la gastrostomía prácticamente ha dejado de utilizarse para esta indicación.

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Dr. José Carlos Marín Gabriel, ¿cuándo deja de ser suficiente una sonda de alimentación por la nariz y el médico se plantea la opción de la gastrostomía?

La sonda nasogástrica, es decir, la que pasa por la nariz, es perfectamente válida para situaciones de corta duración.

Las guías europeas de endoscopia digestiva, publicadas en 2020, establecen que cuando prevemos una necesidad de nutrición por vía intestinal de menos de cuatro semanas, la sonda nasogástrica es la opción adecuada.

A partir de ese umbral temporal, empezamos a plantearnos el acceso directo al estómago. ¿Por qué? Porque la sonda nasogástrica durante semanas genera incomodidad importante, deterioro de la mucosa nasal y faríngea, mayor riesgo de aspiración en algunos pacientes y problemas de imagen personal que no son banales.

La PEG, en cambio, es prácticamente invisible bajo la ropa, en especial cuando se recambia por un dispositivo tipo botón gástrico, de perfil bajo, casi a ras de la piel.

Ahora bien, el tiempo no es el único criterio. También valoramos el estado nutricional del paciente, sus enfermedades asociadas, su pronóstico a medio plazo y, muy importante, sus propios objetivos y los de su familia.

Una indicación técnicamente correcta puede no ser la decisión adecuada si no está alineada con lo que el paciente quiere y con lo que la enfermedad permite esperar. Tener en cuenta el pronóstico y estimar la supervivencia del paciente es siempre el asunto más relevante que tratar con los médicos responsables, la familia y el propio enfermo.

Estimar la supervivencia siempre lo tenemos muy presente l@s gastroenterólog@s, puesto que, globalmente, la mortalidad en el mes siguiente a la colocación de la gastrostomía ronda el 5–15 %.

Aún así, no es una técnica peligrosa; es que, a veces, se indica en pacientes cuya situación médica ya es muy comprometida. De hecho, se estima que la mortalidad directamente atribuible a la gastrostomía es inferior al 1 %.

En definitiva, la mortalidad precoz tras la colocación de una PEG refleja, en gran medida, la gravedad de base del paciente. Por eso, la selección adecuada de estas personas es decisiva.

Gastrostomía.
Esquemá básico de la técnica de Ponsky para llevar a cabo una gastrostomía. Ilustración elaborada por el Dr. Marín Gabriel.

¿Cómo se realiza una gastrostomía?

El procedimiento más habitual se denomina técnica de Ponsky, quien primero la utilizó y describió, o técnica de «pull« (tirar de algo, en inglés).

Se realiza de la siguiente forma: introducimos el endoscopio por la boca hasta el estómago, iluminamos desde dentro para ver bien la pared abdominal desde fuera (transiluminación). A continuación hacemos una pequeña punción en el abdomen desde el exterior.

Después, pasamos una guía larga con un extremo en forma de lazo desde fuera hacia dentro del estómago, a través de ese pequeño catéter de punción que atraviesa la piel.

Como el extremo de esta guía con lazo ya se encuentra en el interior del estómago, la atraparemos mediante un asa de polipectomía que se pasa a través del endoscopio. Una vez atrapada en el estómago, tiramos de ella junto con el endoscopio hasta que salga por la boca.

En ese momento, el lazo de la guía que sale por la boca se enlaza con el extremo de la sonda que, al final del procedimiento, asomará por el exterior del abdomen. Seguidamente, se tracciona del extremo abdominal de la guía, creando la comunicación entre la piel y el estómago.

Con esa tracción desde fuera, la parte de la sonda que quedará en el exterior irá siendo arrastrada por la boca y el esófago hasta que el retenedor interno de la sonda haga tope contra la pared interna del estómago.

Finalmente, colocamos un retenedor externo en la piel: queda fijada entre ese tope externo y el propio retenedor interno de la sonda de gastrostomía.

El paciente está sedado durante el procedimiento, así que no siente dolor. Puede haber cierta molestia en las horas siguientes, sobre todo en la zona de la punción, que habitualmente se controla bien con analgesia convencional.

En pacientes bien seleccionados y sin complicaciones, la alimentación puede iniciarse a pocas horas de la intervención endoscópica.

Hay variantes técnicas para situaciones especiales. En pacientes con tumores en la garganta o el esófago que impiden pasar el endoscopio convencional, pero sí el paso de un gastroscopio muy fino (nasogastroscopio), usamos la técnica de pexias.

Gastrostomía con técnica de pexias.
Pexias fijadas en el abdomen para unir piel y estómago.

La ventaja de esta técnica es que no requiere el paso de la sonda por la boca y reduce el riesgo de arrastre de células tumorales por todo el trayecto, desde la boca hasta el estómago.

El procedimiento funciona de forma inversa a la técnica pull. En lugar de pasar la sonda por la boca y tirar de ella hacia el estómago, la introducimos directamente desde el abdomen.

Antes de puncionar, fijamos la pared gástrica a la pared abdominal mediante dos o tres pequeños anclajes (las pexias propiamente dichas), dispuestos en triángulo alrededor del punto de entrada elegido. Son como tres pequeños puntos de sutura que sujetan el estómago en su sitio mientras trabajamos, evitando que se separe durante la maniobra.

Identificado el acceso óptimo mediante transiluminación, se coloca una pequeña incisión, se introduce un dilatador y se coloca la sonda directamente con dilatadores de calibre progresivo.

Desde el punto de vista práctico, esta técnica de las pexias presenta algunas ventajas. La sonda que se coloca lleva un balón interno en lugar de un tope rígido, lo que significa que el primer recambio no requiere control endoscópico, a diferencia de la PEG convencional.

Además, las pexias se liberan solas en pocos días sin ninguna intervención adicional. El procedimiento es algo más complejo y requiere material específico, pero en los pacientes adecuados ese esfuerzo adicional está justificado.

Gastrostomía.

La Consulta de EFEsalud resuelve las dudas de l@s pacientes con el Dr. Marín Gabriel: circula la idea de que la gastrostomía puede ser la «solución» para cualquier paciente que tenga dificultades para comer por culpa de la boca, la zona de la garganta o el esófago… ¿Es realmente así?

¡En absoluto! Este es uno de los malentendidos más extendidos que tenemos que aclarar. La PEG es una herramienta muy valiosa, pero como toda herramienta, tiene que usarse en el contexto adecuado. El hecho de que alguien tenga dificultad para comer no implica automáticamente que una gastrostomía vaya a mejorar su situación.

El caso más estudiado y difícil es el de l@s pacientes con demencia avanzada. Existe una creencia entre familias y, a veces, entre profesionales no especializados, de que poner una PEG a alguien con demencia en etapa final le ayuda a vivir mejor y más tiempo.

La evidencia científica, sin embargo, no respalda ese razonamiento. Las guías europeas y americanas coinciden en que, en casos de demencia avanzada, la PEG no mejora la supervivencia ni la calidad de vida de forma consistente.

Igual de importante es el momento en el que se coloca. En pacientes muy enfermos, malnutridos, con procesos inflamatorios generales muy importantes (como tras un accidente de tráfico o una infección muy grave) o en situación de fragilidad extrema, la PEG no aporta un beneficio suficiente frente a los riesgos.

La desnutrición en esos casos no es la causa del deterioro, sino su consecuencia. Entenderlo requiere honestidad y, sobre todo, una conversación franca con el paciente y su familia.

Más dudas, Dr. Marín: hay pacientes y familias que asumen, una vez realizada la gastrostomía endoscópica, que el cuerpo «se cura o recupera» las funciones perdidas… ¿Cierto?

Esta expectativa es comprensible, especialmente cuando estamos hablando de un ser querido. El razonamiento parece lógico: si la persona no come bien es porque está débil y, si la alimentamos mejor, se recuperará.

Sin embargo, la PEG mejora o estabiliza el estado nutricional en pacientes cuyo problema principal es no poder comer con seguridad. Por ejemplo, en un paciente con un ictus y dificultad grave para tragar (lo que llamamos disfagia), que tiene buena expectativa de recuperación neurológica, la PEG puede ser fundamental.

Por el contrario, en enfermedades neurodegenerativas progresivas —ELA, demencia avanzada, párkinson en estadios terminales—, la PEG no frena el deterioro del paciente. Puede mantener un estado nutricional razonable, pero no revierte el deterioro neurológico subyacente y podríamos estar hablando únicamente de prolongar la vida sin mejorar su calidad.

¿Y qué nos dice de la creencia de que si la gastrostomía da un problema de fuga de líquido estomacal alrededor del orificio de entrada o estoma, lo mejor es cambiar la sonda por otra de mayor calibre?

Esta es una de las ideas equivocadas que más complicaciones genera en la práctica. Cuando aparece una fuga alrededor de la sonda, lo que llamamos fuga periestomal, la reacción instintiva es pensar que la sonda se ha quedado «pequeña» y que hay que poner una más gruesa.

Es un razonamiento aparentemente lógico que, sin embargo, agrava el problema. Al aumentar el calibre de la sonda, lo que hacemos es ampliar el orificio. Y un orificio más grande provoca una fuga mayor, no menor.

La guía de la Sociedad Europea de Endoscopia lo explica claramente: la fuga periestomal tiene causas concretas y hay que identificar y tratar esa causa. Algunas de ellas son la infección local, el exceso de tracción, un retraso del vaciamiento gástrico o la hipersecreción ácida.

El manejo correcto implica revisar la tensión del tope externo, proteger la piel, tratar la infección si existe, considerar “protectores de estómago” (omeprazol o algún fármaco similar), y en casos persistentes, retirar la PEG y colocar una nueva en un punto diferente.

Lo que nunca debe hacerse es aumentar el calibre de la sonda sin entender por qué está «fugando», es decir, por qué está humedecido sin causa directa aparente (sudor, higiene personal, etc.).

Gastrostomía.
Cambio de sonda tipo botón «gastada» en un paciente con gastrostomía. Fotografías en la consulta de Enfermería de la Unidad de Endoscopias Digestivas por Marta Grádit.

Dr. Marín Gabriel, hablemos de investigación. ¿Cuáles son los hallazgos más relevantes de los últimos años en el campo de la gastrostomía endoscópica?

Uno de los cambios más relevantes es que, tras una PEG no complicada, la nutrición por vía intestinal puede iniciarse habitualmente a las 3-4 horas en pacientes bien seleccionados.

Combinaciones de estudios, los llamados metaanálisis, y guías recientes de práctica clínica no han mostrado un aumento de complicaciones clínicamente relevantes frente al inicio diferido, aunque la base de ensayos aleatorizados de calidad sigue siendo relativamente pequeña y gran parte de los estudios son antiguos.

Otro avance de interés es la mejor caracterización de los factores de riesgo para la mortalidad tras la PEG. La edad, los procesos infecciosos o inflamatorios muy graves, de los que hablamos antes, y el estado nutricional previo son muy buenos predictores del pronóstico. Esto permite identificar mejor quién asume más riesgo y tomar mejores decisiones.

También, se avanza en la técnica directa con gastropexia (ese procedimiento en el que fijamos el estómago a la pared antes de colocar la sonda), que cada vez tiene más presencia en pacientes con tumores de cabeza y cuello donde queremos evitar el paso de la sonda por la boca. Las guías más recientes la respaldan como opción segura y eficaz en ese contexto.

Dispositivo de gastrostomía.
Sonda gástrica de botón para nutrición enteral.

¿Existen alternativas a la gastrostomía convencional?

La alternativa más habitual es la gastrostomía radiológica percutánea que se coloca bajo control de rayos X sin necesidad de endoscopio. Esta alternativa también evita la cirugía y es especialmente útil cuando la endoscopia no puede realizarse o no es la mejor opción.

Por ejemplo, si existe una obstrucción que dificulta el paso hasta del endoscopio más fino o si, durante el procedimiento, no podemos ver la luz del endoscopio en el estómago a través de la piel.

Un estudio que comparó ambas, mostró que las dos técnicas tienen perfiles de seguridad comparables en términos generales, aunque con matices según la situación del paciente.

Por otra parte, para pacientes en quienes la alimentación gástrica produce mucho reflujo o aspiraciones, existe la posibilidad de avanzar la sonda hasta el yeyuno (el tramo medio del intestino delgado). Esos dispositivos se llaman PEG-J o PEG con prolongación yeyunal, y están especialmente indicados en pacientes con riesgo muy alto de broncoaspiración.

En un plano más práctico, cuando ya ha pasado un cierto tiempo desde que se colocó la sonda de gastrostomía inicial, se pueden colocar dispositivos de perfil bajo, de tipo botón, más discretos y cómodos, para que el paciente y el cuidador puedan ganar en comodidad e independencia.

Dado que tanto las técnicas endoscópicas como la radiológica son poco invasivas, la gastrostomía quirúrgica se reserva para los casos en los que ni la vía endoscópica ni la radiológica se pueden emplear, o cuando el paciente ya va a ser intervenido por otro motivo, puesto que su recuperación suele ser algo más compleja.

Doctor Marín, ¿qué podemos esperar de la investigación en gastrostomía en los próximos años?

La gran apuesta de la investigación actual no está en inventar una técnica radicalmente nueva, sino en hacerla mejor para cada paciente concreto. El foco está puesto en una mejor selección de los casos.

La pregunta que más preocupa a los investigadores es cómo identificamos con mayor precisión a quién va a beneficiar de verdad una PEG y a quién le vamos a someter a un procedimiento con más riesgo que beneficio.

Hay trabajos en marcha que exploran biomarcadores inflamatorios y nutricionales con el fin de estratificar mejor el riesgo. La inteligencia artificial aplicada a la predicción de complicaciones tras la PEG es otro campo emergente, aunque todavía en fases preliminares y no está validada.

También, estamos muy atentos a la investigación en curso sobre materiales de sonda más resistentes a la degradación y la obstrucción.

Hoy en día, las sondas tienden a degradarse con relativa facilidad con el paso del tiempo. Por este motivo, se planifican y programan los recambios de sonda. Además, que la sonda se atasque antes de lo esperado es un problema frecuente que suele traer a los pacientes al hospital.

Otro frente importante es el de los cuidados estandarizados domiciliarios. Mejorar los programas de educación para pacientes y familiares es, quizás, el área con más potencial de impacto real a corto plazo, porque sabemos que muchas complicaciones tardías pueden prevenirse o detectarse muy precozmente si el cuidador está bien formado.

Las consultas de enfermería de cuidados de gastrostomía ejercen un papel fundamental en la prevención de las complicaciones tras la colocación de los diferentes tipos de sondas gástricas para la nutrición enteral.

Gastrostomía
El periodista de la Agencia EFE, Gregorio del Rosario, entrevista a las enfermeras Mercedes Hernández Martín y Eva Fernández Marín, especialistas de la Unidad de Endoscopias Digestivas del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, y a Manuel, paciente de gastrostomía que acudió a consulta con su cuidadora, su hija María Eugenia, para una revisión del estoma y de la sonda gástrica tipo botón. Manuel, de 90 años de edad, que trabajó hasta su jubilación en una empresa de instalación y mantenimiento de ascensores, sufre estenosis esofágica, patología que le impide la deglución: «Por la boca sólo puedo beber agua… Y tomar helados».

A Manuel le toca una consulta programada para comprobar el estado general de su gastrostomía: estoma y sonda para la nutrición enteral. Las enfermeras le acomodan en la camilla y le retiran hacia el pecho la parte inferior del polo para descubrir el dispositivo, que está a ras de piel, por encima del ombligo.

«Me tuvieron que colocar este botoncito -dice señalando su dispositivo en el abdomen- porque me atragantaba con la comida y tenía que vomitarla. Ahora, mi hija me alimenta por aquí -vuelve a señalarse- y también me introduce las pastillas que me han recetado los médicos».

Las enfermeras, mano a mano, después de cubrir el abdomen de Manuel con una sábana quirúrgica, le retiran la sonda gástrica de botón, bien cuidada por toda la zona exterior.

«La sonda se cambia como máximo cada seis meses por la seguridad del paciente, no queremos que se salga del estómago de forma accidental por el deterioro del balón interno, globo inflado que hace de retenedor», nos cuenta Mercedes.

Y efectivamente, con la jeringa de gastrostomía confirman que el dispositivo comienza a mostrar signos de permeabilidad, aunque el flujo de líquido bidireccional sea el adecuado.

«En nuestra Unidad de Endoscopias comprobamos el buen estado de los dispositivos cada uno, dos o tres meses, dependiendo del paciente y su enfermedad de base (con déficit de alimentación y otras alteraciones de la nutrición, disfunción esofágica, ELA, neurológicos, por ictus, oncológicos, más aún de cabeza y cuello, con párkinson, incluso con problemas digestivos), informa Eva.

Mercedes y Eva retiran el dispositivo algo deteriorado: «Esta sonda de botón funciona fenomenal en los niños y niñas, pero también en pacientes como Manuel, cuya actividad física todavía les permite evitar sondas percutáneas con tubos de entrada más largos, colgantes», destaca Mercedes.

Además, la sonda de botón a ras de piel es ideal para los meses de verano, cuando Manuel vive en su casa de la playa… ¡Le encanta bañarse en el mar!

En este tipo de personas de 90 años, ¿es la cuidadora, su hija, la clave del buen control y mantenimiento de la gastrostomía?

«Por supuesto… Prestamos una atención especial a las cuidadoras porque también hay que ayudar y cuidar a las que nos cuidan, puesto que es una gran carga familiar para ellas», apunta Mercedes.

«Estas personas, aunque intentamos que l@s pacientes mantengan los autocuidados, reciben educación sanitaria para que asuman esta labor día a día y eviten posibles complicaciones de las gastrostomías», señala Mercedes.

A la vez, todos los pacientes cuentan con un teléfono de atención personalizada para resolver dudas o dificultades in situ, ya sea en su casa o en la calle.

¿Y qué cuidados necesita Manuel a diario?

«Al levantarse de la cama, como cualquiera de nosotr@s, se debe asear el cuerpo con agua y jabón, dejando muy seca y limpia toda la zona del estoma, incluso el propio dispositivo. En verano, especialmente, debemos prestar atención al sudor», aconseja Eva.

Mercedes y Eva, al revisar el orificio de entrada de la sonda, el estoma, se dieron cuenta de que Manuel sufre un pequeño granuloma o crecimiento de tejido rojizo y carnoso al reaccionar la piel a causa del material o la fricción de la sonda.

Primero higienizan toda la zona y protegen el estoma con vaselina médica. A continuación, le extienden un medicamento para cauterizar la epidermis afectada y que se forme una costra.

A Manuel le escuece levemente. Las enfermeras le dicen a él y a su hija que podrá sufrir molestias durante algunas horas y que es recomendable tomar un paracetamol o similar si fuera necesario.

Las enfermeras le introducen una nueva sonda gástrica de botón por el estoma y luego inflan el balón que hace de retenedor con agua estéril o suero.

«Listo, Manuel, ya te puedes ir a la playa».

Manuel, dos enfermeras especialistas sólo para que usted se alimente bien y nunca tenga un problema con la sonda de gastrostomía, ¿alguna vez se ha destapado el botón y se ha puesto usted nervioso?

«No, nunca me altero por el botoncito, puesto que siempre tengo mucho cuidado», dice sonriente.

«Este es, precisamente, el mayor orgullo y el principal objetivo de la Unidad de Endoscopias y del Servicio de Aparato Digestivo: que l@s pacientes portadores de una gastrostomía se sientan acompañados, cuidados y atendidos por un equipo de profesionales que trabaja de forma coordinada. En este sentido, la labor de nuestras enfermeras en consulta merece un reconocimiento muy especial», subraya el Dr. Marín Gabriel.

Dr. Marín Gabriel, si alguien de nuestra familia se alimenta a través de una gastrostomía, como sucede en el caso de Manuel, ¿cómo tienen que ser los cuidados básicos tras la intervención endoscópica?

Los primeros siete días son los más críticos y los que más atención merecen. Durante esa primera semana conviene revisar a diario la zona alrededor de la sonda: que no haya enrojecimiento creciente, sangrado, fuga de contenido, o que la sonda no parezca «hundirse» en la piel.

En esta fase, la revisión por personal médico y de enfermería entrenado en detectar las posibles complicaciones precoces es de gran importancia.

Si la zona está bien, basta con una limpieza suave con suero y un buen secado. Una vez que la piel cicatriza, en general se puede limpiar con agua y jabón normal.

Hay dos errores muy frecuentes que conviene evitar.

El primero es apretar demasiado el tope externo. Ese disco no debe dejar marca ni generar presión constante; tiene que haber una holgura como para que quepa el canto de una moneda. Si aprieta demasiado, la sonda se va enterrando lentamente en la pared abdominal y puede generar un problema serio que requiere un tratamiento endoscópico específico.

El segundo error es limpiar con agua oxigenada la zona del estoma: daña el tejido y dificulta la cicatrización.

Para la medicación, la regla de oro es sencilla: administrar los fármacos uno a uno, líquido siempre que sea posible, y lavar la sonda con agua antes y después de cada medicamento. No mezclar varios fármacos en la misma jeringa ni mezclarlos con la nutrición.

Entrevista gastrostomía.

Doctor Marín Gabriel, ¿cuándo deben preocuparse de verdad las cuidadoras, como es el caso de María Eugenia, hija de Manuel, y acudir a Urgencias sin dudar un instante?

Hay señales que permiten esperar a la consulta del día siguiente, y hay señales que obligan a ir a Urgencias de forma inmediata. El cuidador necesita tener esa distinción muy clara. Las señales que indican que el problema no puede esperar y requiere atención especializada serán:

  • Dolor abdominal intenso o que va en aumento, especialmente si el abdomen se pone duro o muy distendido.
  • Fiebre, sobre todo si va acompañada de escalofríos o mal estado general.
  • Sangrado moderado o abundante por la sonda o por el estoma.
  • Taquicardia, bajada de tensión, mareo o pérdida de conciencia.
  • Salida accidental de la sonda, especialmente si la PEG lleva colocada menos de cuatro semanas.
  • Vómitos del alimento administrado o sensación de que la nutrición no avanza.
  • Fuga importante de contenido gástrico alrededor de la sonda.
  • Tos intensa o dificultad para respirar durante o justo después de la administración alimenticia o farmacológica.

Como norma, en los primeros días, si hay cualquier duda, hay que consultar. Un trayecto que comunica el exterior del abdomen y el interior del estómago con menos de cuatro semanas todavía no está completamente maduro.

Si la sonda se sale accidentalmente y se intenta recolocar en casa existe un riesgo real de provocar complicaciones graves como una peritonitis.

Para finalizar esta entrevista, doctor, ¿qué mensaje le ofrece a una persona que se enfrenta por primera vez a la posibilidad de necesitar una gastrostomía endoscópica para su alimentación?

Sin duda, lo más importante es que los pacientes y sus familias participen de la decisión con sus médicos. Es tan importante como hacer bien el procedimiento después.

Tanto los cuidadores como el propio paciente, si todavía demuestra facultades comunicativas, deben tener claro si el procedimiento es necesario, cuáles son sus riesgos, si hay otras opciones y qué esperar tanto en el caso de seguir adelante con la colocación de la gastrostomía como si se decide no hacerlo.

Como hemos dicho, la colocación de una PEG es una técnica segura, bien establecida y con muchos años de evidencia científica demostrada; aunque sólo es útil cuando está correctamente indicada.

Antes de decir sí, conviene entender bien por qué se propone, qué se espera conseguir y si eso se alinea con lo que el paciente y la familia consideran una vida con calidad suficiente. Eso significa participar activamente en la decisión.

L@s profesionales agradecemos que el paciente y su familia hagan preguntas: ¿Cuánto tiempo necesitaríamos la sonda? ¿Podría retirarse en el futuro? ¿Qué pasa si no la ponemos? ¿Qué complicaciones pueden aparecer?

Y una vez que se ha tomado la decisión y el dispositivo está en su sitio, lo que más influye en el resultado es el cuidado cotidiano: la higiene del orificio en la piel y sus alrededores, lo que llamamos el estoma, el manejo correcto de la sonda y saber cuándo algo no va bien. Eso está al alcance del cuidador que recibe la formación adecuada.

En la próxima Consulta de Aparato Digestivo preguntaremos al Dr. José Carlos Marín Gabriel sobre la acalasia, trastorno de los nervios esofágicos que impide a la comida seguir con naturalidad hasta el esfínter, que tampoco se abrirá para dejar pasar los alimentos al estómago.

La entrada Gastrostomía, cuando tu boca está en el abdomen se publicó primero en EFE Salud.

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