Es hora de luchar por equiparar los temas sociales con los ambientales

Educación

La preocupación
por el cambio climático y su mayor visibilidad a nivel mundial está acaparando
la atención del ecosistema de la sostenibilidad empresarial y con ello apabullando
a los temas sociales y relegándolos a nichos de interés
.

I.               
Prioridad sobre lo ambiental, descuido de lo social.

El progresivo
abandono de la denominación de responsabilidad social de la empresa por el
termino más escueto de sostenibilidad, sin apellido, para referirse a la
sostenibilidad ambiental conspira contra la sostenibilidad empresarial
y conlleva a inferir que aquella es la que importa. Ojalá se prohibiera el uso de la palabra sostenibilidad sin
apellido, obligando a referirse a la limitada ambiental o la amplia empresarial
y así evitar confusiones y omisiones.

Y en la industria
de la ASG, la de los criterios para seleccionar inversiones, también se prioriza
la A en detrimento la S. Hay millares de fondos de inversión dedicados a la A, muy
pocos a la S y la G
.  Casi que solo
se consideran estos factores en los fondos de inversión responsable integrales,
y aun estos tienen una visión muy estrecha de lo que es la sostenibilidad empresarial.
[1]

Además de la visibilidad
a nivel empresarial, económico y político
de los temas ambientales, sus
indicadores se basan en gran medida en temas físicos, más amenos a la medición
cuantitativa, en tanto que los aspectos sociales son más emotivos, relativamente
más difusos y sujetos a opinión. Y los decisores suelen tener preferencia por
lo medible y subestimar lo difuso
.[2]

Estos son algunos
de los factores que están minando la visión integral de la responsabilidad de
la empresa ante la sociedad, en su concepción amplia, de ser, más que de hacer,
y en particular está relegando el interés por los aspectos sociales de esa
responsabilidad. [3]

Un buen ejemplo de
ello es que, con todos los esfuerzos de la Comisión Europea para promover esa
responsabilidad empresarial, está priorizando los aspectos ambientales en
detrimento de los sociales
.  La única
taxonomía aprobada es la verde y se ha pospuesto (¿abandonado?) la preparación
de la taxonomía social
[4] y no se
ha comenzado la de gobernanza (salvo en algunos borradores de trabajo). Y las
regulaciones para reforzar el rigor de las emisiones de bonos de sostenibilidad
se ha limitado a la de los bonos verdes, [5]
ignorando los bonos sociales y los sostenibles (verdes y sociales)
.

Los estándares de
reporte sobre la sostenibilidad empresarial de la Comisión Europea, obligatorios
para las empresas con negocios en sus países miembros, propuestos hasta mediados
del 2023, incluyen 23 documentos: cinco explicativos del proceso, dos sobre
requerimientos y diseminación y diez sobre detalles por temática,
medioambiente, social y gobernanza, además de seis apéndices
explicativos. [6]
Pero las directrices específicas para los temáticos han sido pospuestas,
concentrándose en los de requerimientos y diseminación. Los del IFRS (que
serían de aplicación voluntaria a nivel mundial), propuestos hasta mediados del
2023, incluyen los Requerimientos generales de reporte de información
financiera de la sostenibilidad y el de Reporte de información sobre cambio
climático. No se han producido lineamientos para otros aspectos de la
sostenibilidad empresarial.
[7]

En un artículo
anterior (

y el
) habíamos
abogado por reforzar la priorización de los aspectos sociales y habíamos propuesto
una amplia conceptualización de ellos
, con el objeto de apoyarlo en las
estrategias empresariales. Los poníamos en el contexto de las prioridades que
se les daba a los aspectos ambientales y de gobernanza.

II.            
Un buen intento de rescatar lo social, pero ……

La Corporación
Financiera Internacional (International Finance Corporation, IFC), institución
de financiamiento y desarrollo del sector privado del grupo del Banco Mundial,
publicó un informe con el objetivo de rescatar la importancia de los temas
sociales
en el financiamiento sostenible a través de préstamos y emisiones
de bonos ligados a la sostenibilidad (
Social KPIs Matter: Setting Meaningful
Indicators for Sustainability-Linked Finance
). [8]

Es de recordar
que estos financiamientos son obtenidos por las empresas para financiar sus
actividades generales
, no necesariamente relacionadas con la sostenibilidad
empresarial, pero en las que se comprometen al logro de algunas metas de
sostenibilidad.
En algunos casos incluyen bonificaciones financieras por su
logro o penalizaciones en caso contrario. Estos instrumentos tienen serias deficiencias
como instrumentos para promover esa sostenibilidad
.[9]

El objetivo del documento
del IFC es el de presentar indicadores sociales que puedan ser utilizados como
metas en esos bonos e indirectamente el de promover la inclusión de metas
sociales ante la preponderancia del uso de metas ambientales
, si bien ello
no es consecuencia de la carencia de indicadores sociales. Es un problema,
en parte de preferencia de metas que puedan ser fácilmente cuantificables y
logrables, y en parte de la mayor demanda de los mercados financieros por el
tema ambiental
.

Es muy difícil
obtener información sobre la inclusión de metas ambientales y sociales en el financiamiento
ligado a la sostenibilidad ya que la gran mayoría (85%) son préstamos en los que
la información suele ser confidencial entre las partes. La información sí está
disponible para los bonos ligados a la sostenibilidad (15%) al ser emitidos en los
mercados. Se ha estimado que el 68% de los financiamientos incluyen metas
ambientales, mayormente sobre emisiones, y solo el 23% incluye metas sociales, mayormente
igualdad de género y seguridad laboral
. 
Y aun los que tienen metas sociales incluyen además metas ambientales.

El informe
propone metas en seis áreas, con una amplia concepción de que es “social”,
incluyendo servicios e infraestructura y la sostenibilidad de la cadena de
valor.

Propone cuatro
etapas para la implementación de los indicadores

  • Identificar los aspectos materiales y sus indicadores;
  • Desarrollar las metas (líneas de base y benchmarking);
  • Desarrollar el camino para su logro (políticas
    y procedimientos), y
  • Desarrollar la transparencia.

Ilustra en
proceso usando cuatro casos y un apéndice donde propone 55 indicadores
para las seis áreas identificadas.  Para
ser útiles los indicadores deben tener algunas características obvias, pero es
crítico recordarlos:

  • Relevantes, materiales y de importancia
    estratégica;
  • Medibles consistentemente;
  • Verificables por entes externos; y,
  • “Referenciables” (benchmarkable) a
    medidas externas.

Es destacar que estas metas, sus características y sus usos son muy
semejantes a las que se usan en las remuneraciones de los dirigentes,
si bien aquellas se refieren a
condiciones del financiamiento y estas a la ejecución de la estrategia de
sostenibilidad empresarial. Es muy posible, y lógico, que, si han impuesto
condiciones para el financiamiento, estas se traduzcan en condiciones para las
remuneraciones de los dirigentes. [10] Cuando
analizamos este caso, proponíamos diez características para los indicadores
(algunas comunes a las de arriba y otros que deberían haberse incluido):
 

  • (1) deberán ser medibles objetivamente;
  • (2) con relación directa con el
    impacto que se quiere logar;
  • (3) con el plazo de las
    remuneraciones coincidente con el logro de los resultados;
  • (4) con resultados atribuibles a las
    acciones
    de los dirigentes;
  • (5) con costos razonables para su
    logro;
  • (6) con suficientes alicientes para que
    actúen
    ;
  • (7) un número manejable (ni tantos
    ni tan pocos);
  • (8) no deben estimular comportamientos
    perversos
    ;
  • (9) deben referirse a resultados y, de
    ser posible, a impactos; 
    y, 
  • (10) consensuados con el Consejo y
    algunos
    stakeholders clave.

 

Pero es
importante
distinguir entre los indicadores y metas a incluir en compromisos
de financiamiento o de remuneraciones de los dirigentes y los correspondientes
a
la estrategia de sostenibilidad empresarial. En todos los casos deben
ser materiales, estratégicamente importantes y bajo el control de la empresa y
sus dirigentes
. Pero tienen objetivos diferentes.

En los dos primeros
casos deben ser pocos
,
generalmente menos de cinco y suelen ser más conservadores ya que implican
compromisos legales
, con prioridad en su medición y consistencia (el
informe del IFC propone una extensa lista, pero no hace la advertencia de que
el numero debe ser limitado). En el caso de la estrategia, también deber
ser limitados, concentrando los escasos recursos donde se tiene impacto, pero hay
mayor libertad para seleccionar las prioridades
, algunas de las cuales pueden
no ser medibles con precisión
y ser encaradas con diferentes
intensidades
en el tiempo, de acuerdo con las capacidades de la empresa,
sus circunstancias y las necesidades de los stakholders. 

Adicionalmente
se debe distinguir entre metas que se refieren a resultados o logros, de las
que se refieren a insumos o productos
. En todos los casos, financiamiento, remuneraciones y estrategia, se deberían
referir a resultados obtenidos y de ser posible a impactos logrados,
pero
siendo los primeros dos casos resultados de negociaciones y con obligaciones contractuales
es muy posible que se diluyan y se priorice lo factible sobre lo deseable,
y se limiten a resultados.

Por ejemplo, si
el objetivo de invertir en mejorar la condición profesional de la mujer, los
recursos invertidos en su desarrollo son insumos, el porcentaje de ellas
en cargos directivos es un producto, la mejora en sus capacidades
lograda son resultados y su influencia en las decisiones empresariales
sería el impacto.  En las metas de
financiamiento sostenible y en las de remuneraciones de dirigentes el más común es el del incluir aquel porcentaje, un producto,
que no quiere decir mucho, se puede lograr sin desarrollo, sin competencias, sin
influencia y sin continuidad
.

Las
metas deberían incluir las mejoras de sus capacidades, un resultado, y mejor
todavía, su influencia en las decisiones empresariales, un impacto
, pero esto complicaría lograrlas. Y “nos
hacemos trampas en solitario” y no se usan. Pero las metas
de la estrategia de sostenibilidad empresarial, donde no tiene sentido
engañarnos, deberían enfatizar las de resultados e impacto.

III.          
Lo social también tiene impacto financiero.

También se ha publicado
un informe sobre el impacto de los riesgos en aspectos sociales sobre la
situación financiera de la empresa, que debería contribuir al interés en estos aspectos

(
ESG Encyclopedia Vol 2, por Fitch Ratings). También en el impacto
financiero se da prioridad a los temas ambientales. Hay gran preocupación, por
ejemplo, sobre el impacto del cambio climático en la situación financiera de
las entidades financieras, y hay un movimiento que pide que estas instituciones
produzcan simulaciones para apreciarlo cuantitativamente, de la misma manera que
se hacen los stress test para reflejar en potencial impacto de supuestos
cambios en la situación económica y en particular de los cambios en las tasas
de interés.

Pero no se ha mostrado
interés sobre el impacto financiero que pueden tener los riesgos sociales (laborales,
comunidades, clientes, entre otros) sobre la posición financiera, en buena
parte porque se consideran riesgos puntuales a empresas específicas, y que no
afectan a instituciones que conlleven riesgos sistémicos
. Se prefiere
ignorar las consecuencias de la inequidad, de la inestabilidad social, del
desempleo o subempleo, de la pobreza y de la discriminación, aunque al igual
que los aspectos ambientales su impacto es sistémico, afecta a todas las
empresas
. [11]

IV.           
En resumen

Como decíamos en
un artículo anterior, la S es la cenicienta del grupo y serán necesarios
la concientización de los dirigentes, despertar el interés de los inversionistas
responsables y estimular a la sociedad a demandar acciones, para sobreponerse a
los obstáculos reales y percibidos que enfrenta relacionados con su menor
impacto financiero, no sistémico, y su definición difusa, alejada de impacto
real.

Obstáculos casi
insalvables. Los temas ambientales tienen impactos mucho más visibles y de
interés político a nivel mundial
. El cambio climático tiene a su favor los
desastres naturales (¡sin ironía!), que lo hace muy tangible y la escasez de
agua y la contaminación ambiental tienen grandes impactos sobre la vida de los
afectados. Los problemas sociales suelen ser localizados y menor interés
colectivo
, más fáciles de hacerse la vista gorda.

Los problemas
sociales no tienen un acuerdo multinacional como el Acuerdo de París de
reducción de las emisiones, ni reuniones anuales a nivel de todos los países
del mundo (la Conferencia de las Partes, COP, de la Convención de las Naciones
Unidas sobre el Cambio Climático). Sí están en algunos de los Objetivos de
Desarrollo Sostenible, ODS, pero tienen más impacto publicitario que real
[12] y en
los
Principios Rectores sobre las empresas y
los Derechos Humanos: Proteger, respetar y remediar
,  que cubren una pequeña parte de los
aspectos sociales, pero que tienen un carácter disuasorio, de no hacer el mal, no
proactivo de hacer el bien, que es lo que se necesita la sociedad de las
empresas. [13]

No tenemos la
varita mágica para vencer esos inmensos obstáculos, pero si los aspectos sociales
se incluyen en las remuneraciones de los dirigentes, más allá de lo simbólico del
porcentaje de mujeres en cargos directivos, y aunque no son la solución, por lo menos los hará considerar su importancia y extenderlos
y elevarlos fuera del ámbito restring
ido de los promotores internos en
la empresa.

Y estos
obstáculos no deben impedir que sí sean prioritarios en las estrategias y
actividades de la sostenibilidad empresarial, una empresa a la vez.

Nada en contra
de atender los aspectos ambientales. Pero no deben
distraer la atención de los aspectos sociales
y menos en empresas que
tienen poco impacto en aquellos, pero que por moda, el ecosistema de sostenibilidad
empresarial les empuja a darles prioridad.



[5] El borrador fue aprobado el 28 de
febrero del 2023 por el Parlamento y el Consejo, pero todavía falta la aprobación
definitiva, estimada para finales del 2023. El borrador no se ha dado a
conocer.

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