La IA puede abrir nuevas vías para proteger a las personas refugiadas

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La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) está probando diferentes aplicaciones de inteligencia artificial para anticipar desplazamientos, agilizar la respuesta ante las crisis y mejorar la asistencia humanitaria. La organización defiende una innovación responsable, sometida a supervisión humana y basada en los derechos, la transparencia y la participación de las comunidades afectadas.

La IA puede abrir nuevas vías para proteger a las personas refugiadas

La inteligencia artificial comienza a ganar terreno como herramienta de apoyo en la protección de las personas refugiadas, desplazadas internas y apátridas. Desde analizar posibles movimientos de población hasta evaluar edificios dañados, revisar legislaciones nacionales o mejorar las cadenas de suministro, esta tecnología puede ayudar a los equipos humanitarios a prepararse con mayor antelación y aprovechar mejor unos recursos cada vez más limitados.

Así lo ha explicado ACNUR antes de la Cumbre Mundial de IA para el Bien, que se celebrará en Ginebra y reunirá a representantes de los ámbitos humanitario, tecnológico y del desarrollo. El encuentro abordará las posibilidades de utilizar la inteligencia artificial de manera responsable y en beneficio de la sociedad.

La Agencia de la ONU está impulsando diferentes proyectos a través de su Incubadora de Innovación y de los Fondos de Innovación Digital y de Datos. Las iniciativas buscan comprobar en qué situaciones la IA y el análisis avanzado pueden aportar un valor real a la acción humanitaria.

“Con los desplazamientos alcanzando niveles casi récord y los recursos cada vez más escasos, tenemos que encontrar formas más inteligentes de proteger a las personas”, ha señalado Hovig Etyemezian, responsable de Innovación de ACNUR. Según ha explicado, una aplicación responsable de estas herramientas puede facilitar la detección temprana de riesgos, mejorar la planificación y acelerar las respuestas.

Anticipar desplazamientos y movimientos de retorno

Una de las principales líneas de trabajo se centra en el análisis predictivo. En Somalia, un proyecto piloto ha estudiado cómo la IA podría utilizarse para identificar posibles tendencias de desplazamiento interno y movimientos de personas refugiadas.

En Ucrania, por su parte, la organización ha recurrido a una modelización basada en agentes —una técnica que simula las decisiones y los comportamientos de diferentes actores— para apoyar el análisis de los posibles movimientos de retorno. ACNUR también está probando enfoques similares en determinadas zonas de África Oriental y el Sahel, así como en los movimientos migratorios mixtos de América Latina.

Estas experiencias pretenden ofrecer a los equipos humanitarios más información para anticiparse a escenarios complejos, aunque la organización reconoce que los modelos no pueden prever por completo la evolución de crisis especialmente volátiles.

Las aplicaciones de la IA también están llegando a la gestión diaria de la ayuda. Según informa ACNUR, en Tanzania se utilizan herramientas predictivas para mejorar el control de las existencias en almacenes farmacéuticos. En Burundi, el análisis avanzado está facilitando la gestión del combustible.

Además, se están ensayando soluciones digitales para seguir el recorrido de los artículos de asistencia humanitaria a través de las cadenas de suministro. El objetivo es mejorar su distribución y reforzar la rendición de cuentas sobre el uso de los recursos.

Una herramienta para analizar leyes y sistemas de asilo

La IA generativa también se está poniendo a prueba en el ámbito de la protección jurídica. Una de las herramientas desarrolladas permite mapear y examinar las complejas leyes y políticas nacionales de más de 200 países relacionadas con los derechos de las personas refugiadas, desplazadas internas y apátridas.

Esta aplicación puede reducir el tiempo dedicado a la investigación legal y favorecer análisis más coherentes entre los diferentes contextos nacionales. Otros proyectos estudian el uso de la IA para detectar posibles retrasos o puntos de tensión en los procedimientos de asilo, incluida la determinación de la condición de refugiado.

La información obtenida permitiría planificar mejor la respuesta en sistemas de asilo sometidos a una fuerte presión. No obstante, ACNUR insiste en que estas herramientas deben servir como apoyo y nunca asumir decisiones que puedan afectar directamente a los derechos o la vida de las personas.

Innovación diseñada con las comunidades

El enfoque de ACNUR incorpora la colaboración con organizaciones lideradas por personas refugiadas y con las propias comunidades desplazadas. Su participación permite identificar los problemas prioritarios y diseñar conjuntamente las posibles soluciones.

“La innovación funciona mejor cuando se configura junto con las personas que comprenden los riesgos, las necesidades y las realidades sobre el terreno”, sostiene Etyemezian. El responsable de Innovación recuerda que las comunidades aportan conocimientos, confianza y respuestas prácticas que ninguna herramienta tecnológica puede sustituir.

La intención, añade, es emplear la innovación para respaldar el liderazgo de estas personas y fortalecer las soluciones que ya están desarrollando.

Sesgos, datos incompletos y desinformación

Pese a sus posibilidades, la inteligencia artificial también presenta importantes limitaciones. Las lagunas en los datos, los sesgos, las crisis repentinas o la falta de una infraestructura digital adecuada pueden reducir considerablemente la fiabilidad de los modelos, sobre todo en entornos humanitarios inestables.

Por este motivo, ACNUR asegura que está adoptando estas tecnologías de manera cautelosa y selectiva. Las herramientas únicamente se ampliarán cuando se apoyen en datos contrastados, respeten criterios éticos y resulten adecuadas para las operaciones. Todos los modelos que lleguen a implantarse incluirán mecanismos de verificación humana.

“Innovar con la IA también significa saber cuándo no utilizarla”, advierte Etyemezian. En algunos contextos, las soluciones más sencillas, el conocimiento local o el criterio profesional pueden ofrecer mejores resultados. “La tecnología debe respaldar el criterio humanitario, no sustituirlo. Las decisiones que afectan a la vida de las personas deben seguir estando en manos humanas”, subraya.

La Agencia también trabaja para afrontar los riesgos que la propia IA puede generar para las poblaciones desplazadas, como la difusión de información falsa, los contenidos manipulados y los deepfakes con connotaciones de género.

Para una persona refugiada, disponer de información fiable puede convertirse en una cuestión de seguridad y protección. Los contenidos falsos pueden influir en sus decisiones de desplazamiento, dificultar el acceso a servicios esenciales o debilitar la confianza en las organizaciones humanitarias.

Coincidiendo con el 75º aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, ACNUR sostiene que cualquier avance tecnológico debe ponerse al servicio de la dignidad, la protección y la búsqueda de soluciones duraderas. La IA puede contribuir a una respuesta más rápida, preparada y eficaz, pero su utilización deberá asentarse sobre los derechos humanos, la buena gobernanza, la transparencia, la rendición de cuentas y una participación efectiva de las comunidades afectadas.

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