Con motivo del 40 aniversario, en EFEsalud echamos la vista atrás e indagamos en cómo era la FIV entonces y cómo ha evolucionado en España esta técnica de reproducción asistida hasta ahora con métodos más seguros y eficaces.
El doctor Pedro Barri, presidente de la Fundación Dexeus Mujer y responsable del equipo médico que consiguió ese primer embarazo, recuerda, en declaraciones a EFEsalud, que hasta que se inició el camino de la moderna medicina de reproducción asistida, los tratamientos eran muy poco eficaces y “más de alquimia y curanderismo que de otra cosa”.
Louis Brown, la primera bebé probeta en el mundo
El nacimiento del primer bebé probeta en el mundo, Louise Brown, el 25 de julio de 1978 en Inglaterra, supuso “un antes y un después” en este campo. Fue posible gracias a la colaboración entre el médico Robert G. Edwards (que en 2010 ganaría el Premio Nobel de Medicina) y el ginecólogo Patrick Steptoe.
A partir de ese momento, cuenta Barri, quien tuvo la suerte y la oportunidad de aprender de Steptoe y Edwards, se produjo una “revolución médica”.

Varios grupos de médicos en España “con mucha ilusión y energía” se pusieron a trabajar para poder conseguir la misma hazaña que se había conseguido antes en Reino Unido, Estados Unidos y Australia.
El éxito de la reproducción asistida en España
“Y fue así. Empezamos a trabajar a la vez cuatro o cinco grupos y nosotros tuvimos la suerte de ser el primero -en la Clínica Dexeus de Barcelona- en obtener resultados un año antes que todos los demás grupos”, subraya Barri.
La reproducción asistida suponía un tratamiento médico para afrontar un problema médico como la esterilidad. En esa época hubo un debate amplio sobre ello, pero la aceptación “fue muy buena desde el principio”.
Además, incide Barri, la ley española de reproducción asistida en España, de 1988, “fue un factor a favor, porque fue muy abierta desde el principio, muy adaptada tanto a la realidad social de nuestro país, como a la tecnológica de la medicina de la reproducción”.
Después de eso, llegó en 1987 el primer nacimiento en España de un embrión congelado y un año después, en 1988, el primero por donación de óvulos.
De la laparoscopia a la punción
El presidente de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), Juan José Espinós, explica a EFEsalud que el concepto de fecundación in vitro es el mismo de antes, lo que ha cambiado son los métodos para conseguirlo con el fin de ser más seguros para la mujer, con una tasa de embarazo superior y que todo el proceso sea lo más rápido posible.

En esos años, los tratamientos hormonales que tenía que tomar la mujer para la estimulación ovárica eran orales, muy suaves y poco eficaces, “no existían otros”. Conforme fue pasando el tiempo, los fármacos pasaron a administrarse por vía intramuscular, con lo que debía hacerlo un profesional. En la actualidad se los administra la propia mujer cerca del ombligo, con una pluma precargada.
Una vez que se acababa el proceso de estimulación ovárica, los médicos extraían un óvulo de la mujer a través de laparoscopia, haciendo un pequeño orificio en el abdomen. Desde hace años la extracción se realiza por punción en el ovario, y la paciente a las pocas horas ya se puede ir a su domicilio.
Los fármacos
Los fármacos también han evolucionado, destaca Espinós.
“Cada vez hemos creado fármacos con menos impurezas que se puedan administrar por vía subcutánea, son auto administrables y todo ello, evidentemente, ha ido a favor de que la dosificación sea mucho más específica. Sabemos exactamente lo que estamos administrando. Antes, el cálculo de las dosis era más complicado”, abunda el presidente de la SEF.
Los embriones
Y las técnicas en el laboratorio también se han modernizado. Hace años, se implantaban tres embriones para tener más probabilidades de embarazo, lo normal ahora es que solo se implante uno.
Si antes ese embrión se implantaba a los dos días aproximadamente tras la fecundación, ahora se hace entre el quinto y sexto día, cuando el embrión esta en estadio de blastocisto.

“Una de las razones por las cuales ha aumentado la eficiencia es porque han mejorado los métodos de incubación. Podemos mantener más tiempo los embriones fuera del lecho materno, lo cual nos permite seleccionarlos mejor. Cuanto más evolucionado está un embrión, mejor sabremos si realmente tiene mayor probabilidad de embarazo evolutivo”, detalla Espinós.
De hecho, la eficacia de los métodos de fecundación in vitro ha pasado de entre 10 y un 15 % a entre un 30 % y un 50 %, porcentajes que dependen de muchos factores.
El retraso de la maternidad en España
Uno de los principales es el mal funcionamiento ovárico como consecuencia de la edad de la mujer. Esta es la principal causa por la que las parejas acuden a los tratamientos de fertilidad, mientras que hace 40 años lo hacían por otros problemas que no tenían que ver con la edad.
Tanto Espinós como Barri hacen hincapié en este aspecto ya que posponer la maternidad es “el gran caballo de batalla” porque las parejas se plantean tarde tener hijos, cuando la calidad de los óvulos de la mujer cae en picado, a partir de los 35 años.
También de los hombres, puntualiza Barri, porque hay evidencia científica de que a partir de los 50 años empeora la calidad de su semen, lo que dificulta la fecundación.
“El escenario ideal sería conseguir que las parejas que quisieran tener hijos pudieran tenerlos entre los 25 y los 35 años, pero ¿cómo se hace? ¿cómo creamos las circunstancias? Hay que crear un entorno socioeconómico que permita que tengan hijos a esta edad. En España se destinan pocos recursos públicos de ayuda a la familia”, reflexiona el presidente de la Fundación Dexeus Mujer.
En el mismo sentido se pronuncia Espinós, quien incide en que recurrir a la reproducción asistida por causas sociales no es buena noticia.
“Las mujeres cada vez se quedan embarazadas más tarde, en parte porque está cambiando un poco la mentalidad de la población, pero en gran parte por los obstáculos que se encuentran desde el punto de vista de conciliar la vida laboral con la maternidad, lo que supone desde el punto de vista de la estabilidad económica de la familia”, destaca el presidente de la SEF.

Los datos
Según el último informe estadístico sobre técnicas de reproducción asistida del Registro Nacional de Actividad 2021-Registro SEF, que se elabora junto al Ministerio de Sanidad, en el que participan todos los centros de fertilidad españoles, en 2021 se realizaron un total de 165.453 ciclos de FIV y 33.818 inseminaciones artificiales.
Estas cifras suponen un 11, 7 % más con respecto a 2019 y un 29,8 % más que en 2020, año en el que se redujeron a causa de la pandemia.
Y estas técnicas han posibilitado el nacimiento de un total de 40.638 bebés, lo que representa un incremento del 33,3 % con respecto a 2020, y un total del 11,8 % de los nacimientos en toda España, según los datos de la SEF.
El aumento también se debe a la ampliación de modelos de familia que existen, especifica Espinós.
“Estamos hablando de mujeres solteras, o en pareja con otra mujer y eso también está proliferando de forma importante”, afirma.
El futuro de la reproducción asistida en España
De cara al futuro, Barri considera que los objetivos de los tratamientos de reproducción asistida sean lo más seguros posible y controlar los riegos genéticos que las parejas puedan tener, porque hoy en día existen medios de análisis para asegurar que los embriones que recibe la mujer son normales y se puedan minimizar de forma importante los riegos de cara al embarazo y futuro bebé.
Espinós incide por su parte en que la entrada de la inteligencia artificial, como en otros muchos campos, va a ayudar mucho, tanto desde el punto de vista diagnóstico, como terapéutico. En este sentido señala que favorecerá tratamientos aún más específicos, con probabilidades de gestación exitosa todavía más altas.
