La llegada de una «masa de aire muy cálido para la época del año» provocará temperaturas que son más propias del verano que de la primavera. Además del calor que ha irrumpido en abril, en esta jornada está previsto polvo en suspensión que dará lugar a la calima, con lo que hay que tener en cuenta una serie de consejos para que la salud no se resienta.
Ya este fin de semana los termómetros han marcado temperaturas veraniegas y se prevé que hoy superen los 30 grados en varias partes del país, como en los valles del Guadalquivir y del Guadiana.
De nuevo, el calor ha llegado antes del verano, en abril, cuando aún tenemos las prendas de abrigo en el armario.
La médica de familia María del Campo, de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) ya recordó hace un tiempo en declaraciones a EFE Salud que la temperatura del planeta tiene un gran impacto en la salud de la población.
Con el cambio climático, originado por el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, surge el concepto de salud planetaria «que relaciona la salud humana con la del medio que habitamos», explicaba del Campo.
El cuerpo se protege del calor
Un exceso de calor en nuestro cuerpo, afirmaba la doctora, puede ocasionar una alteración en el sistema que controla la temperatura de nuestro cuerpo.
«Normalmente el cuerpo produce sudor para enfriarse pero existen situaciones en las que no consigue su objetivo, por lo que la temperatura del cuerpo aumenta y puede dañar nuestra salud», destacaba del Campo.
El organismo se adapta a las altas temperaturas de dos formas.

Por una lado, aumenta el flujo sanguíneo de la piel, de forma que la vasodilatación del cuerpo provoca un intercambio de calor con el ambiente y permite que el calor sobrante salga y no tenga efectos negativos para la salud.
La otra forma es a través de la sudoración. Las gotas de sudor al enfriarse reducen la temperatura corporal, gracias a las glándulas sudoríparas.
Los más afectados
La mayoría de las personas se adapta bien al calor, incluso en abril, cuando aún no hay mentalidad de verano, pero hay que vigilar a los grupos más vulnerables, que tengan alterado el sistema que controla la temperatura corporal.
En concreto, las personas mayores de 65 años, los enfermos crónicos y los menores de cuatro años, especialmente los bebés menores de un año.
La susceptibilidad al calor no depende únicamente de esas características, sino también está influenciada por circunstancias y situaciones en las que las personas viven y trabajan.
Estar vigilantes
Hay tres situaciones que afectan a la salud y que son secundarias al calor excesivo y son los calambres musculares, el agotamiento y el golpe de calor.
Tanto los calambres como los mareos, el dolor de cabeza, las nauseas o la sudoración excesiva se suelen resolver con reposo en un lugar fresco y con hidratación. En el caso de que en una o dos horas la situación no mejore, es recomendable consultar con un profesional sanitario.
«Si aparecen síntomas como elevación de la temperatura corporal, dolor de cabeza intenso, fatiga o perdida de conciencia, puede que estemos ante un golpe de calor, una situación grave pero poco frecuente», abundaba la médica de familia de semFYC.
No hay que olvidar beber agua con frecuencia, y no abusar de bebidas con cafeina, alcohol o azúcar. Es recomendable no hacer ejercicio físico en las horas centrales del día y usar ropa ligera, que permita transpirar.
Polvo en suspensión: calima
Pero no solo el calor será el protagonista esta jornada de abril, la calima, que ya padeció el archipiélago canario el pasado fin de semana, también estará presente en la península, y no hay que olvidar que tiene impacto en la salud.
Las consecuencias más habituales de la calima en la salud están relacionadas con problemas respiratorios e irritación de las mucosas (obstrucción nasal, tos, etc.) y si se mantiene en el tiempo comienzan a aparecer cuadros de broncoespasmos, dolor torácico y asma.

El polvo en suspensión también incide en los ojos provocando irritación y dolor por lo que es necesario protegerse con gafas y no estar mucho tiempo expuesto al aire libre.
Como son partículas en suspensión secas producen sequedad cuando entran en contacto con las mucosas, por eso puede ser necesario hacer lavados oculares con sueño y evitar rascarse los ojos en caso de picor.
Para la población de riesgo es recomendable que mantenga las ventanas cerradas en casa, utilizar mascarillas en el exterior y no realizar ejercicio físico al aire libre, además de beber abundante agua.
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