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La acción social corporativa deja de ser periférica y se integra en el corazón del negocio, impulsando competitividad, innovación y cohesión social, según el último informe presentado por CODESPA en Madrid.

En un escenario marcado por una mayor presión regulatoria en materia ESG, el aumento de la desigualdad y una creciente demanda social de compromiso empresarial, la acción social de las compañías está experimentando una transformación profunda. Según informa la CODESPA, esta evolución se traduce en un paso decidido desde la filantropía tradicional hacia modelos estratégicos que generan valor compartido.
Así se desprende del informe anual “Acción social empresarial. Estrategias con impacto en la comunidad”, elaborado por el Observatorio Empresarial para el Crecimiento Inclusivo y presentado en Madrid. El documento analiza cómo las iniciativas sociales de las empresas han dejado de ocupar un lugar secundario para integrarse cada vez más en la estrategia corporativa, con efectos directos en la competitividad y la gestión de riesgos.
Durante la presentación, celebrada en la sede de Arquia Banca, representantes empresariales, entidades sociales y especialistas en sostenibilidad coincidieron en destacar el papel creciente del sector privado como motor de cohesión social y desarrollo territorial.
El presidente de CODESPA, Andrés Fontenla Contreras, subrayó que las empresas ya no solo generan crecimiento económico, sino también oportunidades y futuro. No obstante, advirtió de que el principal desafío actual es traducir esa intención en resultados tangibles.
De la acción puntual al valor estratégico
El informe pone de relieve que las compañías que integran la acción social en su modelo de negocio no solo contribuyen al bienestar de la sociedad, sino que también refuerzan su resiliencia y capacidad de adaptación en un entorno cada vez más complejo. Este enfoque permite alinear propósito y rentabilidad, generando impactos tanto sociales como económicos.
Entre los principales beneficios identificados destacan la mejora de la reputación corporativa, la atracción y fidelización de talento, el acceso a financiación, el impulso a la innovación y una mejor gestión de los riesgos empresariales. A ello se suma la denominada “licencia social para operar”, cada vez más relevante en contextos donde la legitimidad social es clave para la continuidad del negocio.
El documento recoge ejemplos de grandes compañías como Repsol, Leroy Merlin o CaixaBank, que muestran cómo la integración de la acción social en la estrategia corporativa puede traducirse en impactos positivos sostenidos.
Medir, profesionalizar y colaborar: claves del futuro
El debate posterior a la presentación apuntó a tres grandes retos para consolidar esta transformación: profesionalizar la gestión de la acción social, avanzar en la medición del impacto y fortalecer la colaboración entre empresas, administraciones y sociedad civil.
En este sentido, Marta González-Moro insistió en la necesidad de coherencia entre propósito, acción y medición para generar confianza real. Por su parte, Mónica Riberas destacó la importancia de utilizar la medición como herramienta para mejorar la toma de decisiones y maximizar el impacto.
Asimismo, Arancha Escalada puso el foco en la conexión con el territorio, señalando que las iniciativas más efectivas son aquellas que parten de una comprensión profunda de las necesidades locales.
Transparencia, impacto y riesgos pendientes
El estudio también alerta de varios desafíos que aún persisten, como la falta de alineación entre las estrategias empresariales y las realidades sociales, la dispersión de iniciativas o las dificultades para medir resultados. Además, advierte del riesgo del denominado “silencio social”, vinculado al temor de algunas empresas a comunicar sus acciones por miedo a ser acusadas de social washing.
Según concluye el informe, la clave está en avanzar hacia modelos más rigurosos, basados en datos y orientados a resultados medibles, sin dejar de lado la filantropía en contextos de emergencia. En un momento en el que la confianza y la legitimidad empresarial están en juego, la acción social se consolida como una herramienta estratégica para responder a los grandes retos sociales y fortalecer el papel de las empresas en la transición hacia un modelo más justo y sostenible.

