Qué es capital natural; y por qué importa

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En un mundo en constante transformación, donde la interacción entre la humanidad y el entorno natural es más evidente que nunca, emerge un concepto esencial para nuestro presente y futuro: el «capital natural».

¿Pero por qué su comprensión y conservación se han vuelto imperativos dentro de la sostenibilidad? En las próximas líneas exploraremos más a cerca del concepto y por qué importa, de acuerdo con Cause Artist.

¿Qué es capital natural?

El origen del concepto «capital natural» se encuentra en los aportes del desarrollo sostenible, en particular en las aproximaciones que realizó Herman Daly —economista ecologista estadounidense—, así como David W. Pearce y Giles D. Atkinson.

Es así que el término capital natural se refiere a la reserva mundial de recursos naturales, que incluye la geología, los suelos, el aire, el agua y todos los organismos vivos. En términos sencillos, el capital natural abarca la totalidad de los recursos que fluyen y convergen para sustentar tanto nuestras necesidades fundamentales como nuestros lujos cotidianos.

Dentro de este abrazo de recursos naturales y servicios ecosistémicos, podemos identificar ejemplos concretos de capital natural que nos permiten comprender la magnitud de su importancia:

Agua: El líquido vital que nos nutre y sustenta, además de actuar como vehículo para transporte y recreación, y como depurador de desechos.

Suelo: El suelo, esencial para el crecimiento de las plantas, es también un ingeniero natural que filtra el agua y almacena el carbono, contribuyendo a la regulación climática.

Bosques: Estos ecosistemas no solo proveen madera, alimentos y agua, sino que desempeñan un rol fundamental en la regulación del clima, al absorber el dióxido de carbono.

Ecosistemas Marinos: Nuestros océanos nos brindan alimentos, oportunidades turísticas y protección costera, al mismo tiempo que ejercen un papel crucial en la estabilización climática.

Qué es capital natural

Importancia del capital natural

Desde la perspectiva económica, saber qué es capital natural resulta esencial para el funcionamiento de nuestras sociedades y economías. Un ejemplo claro es el papel del agua en la agricultura, que a su vez nutre nuestra cadena alimentaria, es un testimonio de cómo este capital sostiene nuestras actividades cotidianas. Además, la influencia del capital natural en la regulación climática es evidencia de su papel en la preservación de nuestra atmósfera.

La economía del capital natural es una perspicaz extensión del enfoque económico convencional, que busca cuantificar el valor económico de los recursos naturales y servicios ecosistémicos. Esta metodología valora la contribución financiera de la naturaleza y los servicios ambientales en las decisiones económicas.

Al asignar valores monetarios a los servicios ecosistémicos y recursos naturales, se revela el valor que a menudo pasa desapercibido, permitiendo decisiones más informadas y sostenibles. No obstante, el capital natural enfrenta amenazas significativas provenientes de la actividad humana.

Acciones como la deforestación, la contaminación y el cambio climático ejercen una presión constante sobre estos recursos vitales. La declinación de los arrecifes de coral amenaza los medios de subsistencia de innumerables personas, mientras que la pérdida de bosques contribuye a inundaciones y erosiones crecientes.

Reconocimiento y medición del capital natural

Ahora bien, para gestionar y proteger eficazmente estos recursos, es fundamental reconocer y medir su valor. Los sistemas económicos tradicionales a menudo no han tenido en cuenta el verdadero valor del capital natural, lo que ha llevado a su infravaloración y mala gestión.

Sin embargo, los avances en economía ecológica y contabilidad ambiental están proporcionando nuevos marcos y herramientas para evaluar e incorporar el valor del capital natural en los procesos de toma de decisiones.

Uno de esos enfoques es el concepto de contabilidad del capital natural, que busca asignar valor monetario a los recursos naturales y los servicios de los ecosistemas. Al cuantificar los beneficios económicos proporcionados por el capital natural, los legisladores, las empresas y las comunidades pueden tomar decisiones informadas que consideren la sostenibilidad a largo plazo y la preservación de estos valiosos activos.

A medida que nos abrimos a esta innovadora forma de apreciar y entender el capital natural, se torna innegable la imperiosa urgencia de preservar y revitalizar nuestros recursos naturales. Desde la administración meticulosa de ecosistemas críticos hasta el fomento activo de prácticas sostenibles en múltiples sectores industriales, la conservación y la restauración emergen como pilares fundamentales de una responsabilidad social que compartimos todos juntos.

Responsabilidad social compartida para preservar la naturaleza

Si bien los gobiernos y las empresas desempeñan un papel crucial, es imperativo no subestimar el poder de las acciones individuales y las voces comunitarias. Cada elección consciente que realizamos, ya sea reducir residuos, adoptar fuentes de energía sostenible o respaldar políticas ambientalmente responsables, contribuye directamente a la preservación y restauración del capital natural.

Además, al despertar la conciencia en nuestras comunidades, estamos sembrando la semilla de un cambio colectivo, donde la comprensión y la pasión por la protección de nuestro hogar planetario se propagan como un eco.

El capital natural, con su intrincada red de ecosistemas y recursos, constituye el tejido que sustenta la vida tal como la conocemos. Su preservación se torna esencial para el bienestar a largo plazo tanto de nuestro entorno como de nuestra sociedad.

En última instancia, el reconocimiento de la importancia del capital natural y la acción colectiva se erigen como los motores que nos impulsan hacia un futuro equilibrado. En este recorrido hacia la sostenibilidad, encontraremos una armonía entre el desarrollo económico y la conservación responsable.

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