humanismo «juntable» para respirar y leer

Salud

Neumólogo y escritor: “juntables” para respirar y leer

Atornillado por su amistad imperecedera al Dr. Julio Ancochea Bermúdez, hacedor humanista de los encuentros Be Neumo, Be You, y a un grupo de médicas y enfermeras, más algún que otro médico militante, el “Aula Respira” de Neumología se llenó de complicidad y de sonrisas esmaltadas con admiración.

“Estoy aquí, con vosotr@s, porque un mal día, o no, me tuvo en el alambre una neumonía que amenzaba con apagar mis recuerdos, y no tanto para hablar de mi libro, que no es otra cosa que un agradecimiento a la vida, que me lo ha dado casi todo, y la resignificación escrita de una época irrepetible”, cuenta Miguel Munárriz.

Médico y escritor
El escritor y periodista asturiano Miguel Munárriz, envuelto por las palabras agradecidas del Dr. Julio Ancochea Bermúdez, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Universitario de La Princesa, y de Eva García Perea, directora del Departamento de Enfermería de la Universidad Autónoma de la capital española y moderadora del encuentro literario, sujeta en corto un ejemplar de su libro “Empeñados en ser felices” (Aguilar). EFE/GRB

Miguel, ¿por qué este maravilloso libro del pasado y por qué seguimos empeñados en ser felices?, pregunta Ancochea

“A mis 72 años, se había convertido en una obligación conmigo mismo y con los demás. Debemos ser generosos y cariñosos, puesto que la vida te devuelve aquello que entregas de ti. Este libro habla del empeño de ser feliz con los amigos, pasando buenos ratos en una vida difícil pero reconfortante”, opina.

En el libro, 376 páginas en 66 capítulos, dedicado a Palmira Márquez, fundadora con él de la Agencia Literaria Dos Passos (porque sos mi amor, mi cómplice y todo, y en la calle coco a codo, somos mucho más que dos), aparecen muchos de los escritores y personajes de la cultura que le han abierto sus ojos al saber existencial.

“Son pequeños momentos con gente enorme como Ángel González, Vargas Llosa, Lola Salvador, Bioy Casares, Bryce Echenique, Luis Sepúlveda, Martín Amis, Gúnter Grass, Ida Vitale, Caballero Bonald, Soledad Puértolas, Mario Benedetti, Camilo José Cela, Rosa Montero, Luis Eduardo Aute, etcétera, etcétera, etcétera”, relaciona con sus referentes éticos.

Y está escrito de memoria, de recuerdos, de centenares de anécdotas, algunas anotadas en un billete de tren o en los márgenes de una página releída… Sin el cemento de los diarios o documentos archivados desde que inició su andadura literaria en el Langreo industrial de 1979.

“Es un libro en positivo, de pensamientos subrayados, con un tono narrativo cordial, incluso algo festivo… con apenas critiquillas sin maldad”, destaca risueño con palabras que fluyen desde el blanco y negro de las páginas al color de la portada.

Médico y escritor
Portada del libro “Empeñados en ser felices” (2024, editorial Aguilar).

Esta especie de novela de su vida, como diría el autor, viene neuronalmente precedida de un recorrido franquista y posfranquista, constitucional y democrático, parlamentario de Cámara Baja y Alta, con un caldo de cultivo a base de encuentros y revistas literarias.

“En el fondo, lo que quiere demostrar este libro es que cuando una persona se empeña en conseguir un objetivo, sea el que sea, normalmente lo conquista, aunque no siempre, pero al menos tendrá bastantes cotas ganadas”, argumenta.

“Yo me empeño en ser feliz a diario, en cada detalle, a pesar de los muchísimos momentos desgraciados, de los desengaños o de los altibajos propios de la vida”, continúa.

“Y lo digo pensando siempre en la gente joven. Ahora, los momentos son duros, pero es que antes eran dos huevos duros”, refuerza.

Para su desgracia -deduzco de su lamento intelectual- existe demasiada gente que antepone lo malo a lo bueno, la nada al todo.

“Pienso que mi libro, terminado y publicado, es el reflejo de una época gloriosa de la cultura, que creo que lamentablemente no se va a poder repetir, al menos en los próximos años”, dice.

“He aprendido de los mejores, de personas cultas, leídas, viajadas y vividas, amables, respetuosas, cordialísimas, divertidas, con la amistad por emblema y la palabra por ariete transparente… En fin, recreaban la felicidad y no el catastrofismo”, sostiene.

A día de hoy no existen los referentes. Y la juventud, ensimismada en un sinfín de selfis, no reconoce el camino.

“¿Dónde está el futuro si la política y los políticos están de vacaciones éticas, desvestidos de valores, desnudos de un proyecto reconocible de sociedad avanzada? o ¿Dónde está el contrapeso crítico de los escritores?”, se plantea.

Miguel Munárriz se siente perplejo ante el mundo que contempla, que le parece verdaderamente extraño.

En su época analógica sus ojos veían y leían, sus oídos escuchaban y su cerebro registraba todo el saber humanístico de la gente que nos precedió, generosamente cultos.

“Aunque mi pasión novelera ya viniera de fábrica, yo fui un niño como los demás: jugaba, era un poco bestia y me enamoraba; fui un niño con un futuro cercano y tangible, pero un niño pegado a los libros”, explica.

De hecho, era de esos niños o niñas que medio llorando decían a sus madres que estaban “malitos” para poder leer a Julio Verne en la cama.

“Esa lectura me ayudó a ser un hombre que tiene imaginación… Y leer te hace dar la vuelta al mundo a cada instante, no sólo en ochenta días”, apunta.

Ahora, los referentes se sitúan en la pose repetitiva de las redes sociales o en la inteligencia artificial, donde la imaginación está atrapada en la indescifrable nube de ceros y unos.

“A mí me produce zozobra, incluso miedo. Tengo suficientes raciones de experiencia para vislumbrar lo que puede llegar a suceder”, reconoce.

¿Nuestros jóvenes son apasionados a la lectura como tú, han leído el Quijote o sólo navegan entre Instagram y Tik Tok?

“Lógicamente, la juventud convive con las tecnologías y los medios de comunicación de su tiempo, pero en España nunca hemos brillado en el capítulo de la lectura, aunque sí en grandes pensadores y escritores”, opina.

“Por esta razón vital, yo les invitaría a que de vez en cuando, entre reguetón y reguetón, hicieran incursiones en la literatura, en el buen cine o la buena música”, expone.

Y saca a relucir el libro de los libros, el Quijote.

“La obra más extensa de la literatura del mundo mundial que puedes abrir por cualquier página y ponerte a disfrutar de inmediato. Es una auténtica locura creativa”, atestigua.

“Shakespeare inventa el ser o no ser de lo humano, pero Cervantes explora su alma de una manera tan alucinante que no existe una obra igual”, considera.

Tanta es su caballería que Munárriz no duda en elegir las andanzas del ingenioso hidalgo como guía y faro espiritual cuando habita una isla desierta.

“El Quijote es la novela que contiene otras muchas novelas, desde las visiones fantásticas de la Cueva de Montesinos hasta los tejemanejes de un curioso trío de impertinentes pasando por la pastora Marcela, con un discurso increíblemente feminista para su época”, desmitifica.

“Cervantes cuenta la vida entera, con anterioridad y posterioridad a él; es lo más extenso que se haya escrito jamás. Uno lee el Quijote y se transforma”, asienta.

Y para los más reacios a “desfacer entuertos” Munárriz recomienda la edición en castellano actual de Don Quijote de la Mancha, adaptación escrita por Andrés Trapiello en 2015 para Ediciones Destino, con prólogo de Vargas Llosa.

“Leer es fundamental, pero no es leer para para entretenernos solamente, que también, como sucede al leer ‘best sellers’ estupendos. La lectura es la vida y yo he vivido muchas vidas, todas las vidas posibles e imposibles”, reafirma.

Munárriz ha compartido la almohada de Madame Bovary, ha sido confidente de Ana Ozores en La Regenta o ha atravesado las puertas de Troya oculto en un caballo de madera en la Ilíada.

“Cuando tú entras en un libro, tú no sales igual; como no sales igual después de sentir el escalofrío electrizante de un buen poema. Sales tocado, porque te da para reflexionar y pensar; te da una manera de ver el mundo con sentido crítico”, enseña.

Por todo este universo de razones, cree que los libros, el cine, la música, el arte y la cultura no son incompatibles con las nuevas tecnologías o las redes sociales.

“Si los jóvenes combinan sus libros con su dispositivo móvil se estarán empeñando en ser más felices. Los buenos libros son el mejor remedio contra el tedio y la vulgaridad. Te ayudan a conocer al otro, a valorar más la vida, a conocerte a ti mismo prudentemente”, concluye -y subscribo-.

respirar y leer

Miguel Munárriz le pasa la palabra a su amigo y médico Julio Ancochea, como haría Gabo con cualquiera de sus personajes.

“Sin duda, nosotr@s, en este servicio de Neumología, al igual que en la Universidad Autónoma de Madrid, reivindicamos la lectura de los libros como uno de los valores fundamentales de la dimensión humana en la medicina”, comparte.

“Y bueno, nuestros residentes, por ejemplo, lo mejor que podrían hacer durante las libranzas de las guardias hospitalarias sería leer el Quijote“, acota ojeando el tendido MIR.

– Sí, leer a Cervantes y algo de poesía -profundiza Munárriz, para quien no leer poemas constituye una tragedia-.

– Poesía es lo imposible hecho posible, decía Federico García Lorca -completa Ancochea… y médico y escritor ríen con risas juntables*-.

* Gente con la que estás a gusto, con la que te empeñas en ser feliz y te corresponden (diccionario de la cultura, edición diaria).

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