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Tony Wyss-Coray es uno de los científicos que, interesado por los efectos del alzhéimer, decidió iniciar investigaciones más profundas acerca de los procesos de envejecimiento del cerebro, en busca de una cura para esta enfermedad que amenaza con triplicarse en los próximos cuarenta años.
Debido a que es imposible obtener tejido cerebral de una persona viva, Wyss-Coray no podía seguir de cerca los cambios moleculares que progresivamente van afectando al encéfalo, por lo que decidió enfocarse en el estudio de la sangre de los organismos jóvenes y los viejos, en busca de una respuesta satisfactoria.
Este neurólogo de la Universidad de Stanford llegó a la conclusión de que, así como la sangre puede dar muestras del funcionamiento de otros órganos, como el hígado o el corazón, ¿por qué no tomar de estas muestras indicios acerca de las condiciones de salud del cerebro? Así fue como comenzó a emplear un método de plasma sanguíneo de personas jóvenes en enfermos de alzhéimer.
Las primeras pruebas se realizaron con ratones y los resultados fueron esperanzadores. Inicialmente comenzaron a notar cambios en los músculos, luego los beneficios se extendieron a casi cualquier órgano, incluso el pelaje de los animales estudiados se tornó más brillante y sedoso.
Las investigaciones de Wyss-Coray, que aún siguen en desarrollo, podrían significar en poco tiempo una respuesta bastante efectiva para el tratamiento de los casos de pérdida de memoria a causa de la senilidad.
