Noti-RSE
Para fabricar un biocombustible, lo suficientemente potente para mantener un vuelo comercial, es necesario que grandes extensiones de tierras de cultivo sean utilizadas para este fin. Las cantidades de estos territorios, por muy grandes que sean, sustituirían un pequeño porcentaje de la demanda mundial de este producto.
“El fin justifica los medios”, esta frase aplica para llevar a cabo esta gran iniciativa, pero, a su vez, los costos que acarrean hace que pierda credibilidad. El comercio de CO2, es el modo en que el ramo de la aviación comercial compra derechos de emisión, es decir: se legaliza el “derecho a contaminar” el medio ambiente sin tener ninguna responsabilidad al respecto, para que la rentabilidad de este mercado, vaya a beneficio de la protección del clima (pagarse y darse el vuelto en un vocabulario sencillo).
Uno de los miedos de las personas es que para crear el biocombustible, planeado para utilizarse en aviones, deba pagarse el precio de contar con extensiones de tierra para su cultivo, sin importar las consecuencias de la deforestación de selvas, liberando cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera.
¿El remedio puede ser peor que la misma enfermedad?
El problema es que estas materias primas no son suficientes para satisfacer la demanda, tanto actual como futura si llegase a ser factible este proyecto. Además, en los vuelos de prueba realizados, han arrojado conclusiones como que este tipo de combustible obtiene rendimientos muy bajos.
En la actualidad se están realizando peticiones para que la ICAO cambie de parecer al respecto y habrán momentos que por muy alentadora y desafiante que sea la propuesta, no ofrece una certeza absoluta de satisfacer demandas tan altas y dañe lo menos posible el medio ambiente, poniendo a prueba a muchas personas alrededor del mundo.
