Fumar es uno de los hábitos más nocivos que existen. Múltiples estudios demuestran todos los efectos contraproducentes que esta costumbre puede ocasionar en las personas, así como las repercusiones que puede tener en los llamados fumadores pasivos, que también están expuestos a las sustancias nocivas del cigarrillo.
Debido a que se trata de un acto que tiene su origen en factores sociales, una de las primeras cosas a considerar durante la etapa de preparación para reducir el consumo de cigarrillos es reducir estas situaciones en las que estamos más vulnerables a fumar. También hay que añadir a esta estrategia la disminución del tabaco del que disponemos.
Psicológicamente recomiendan mentalizarse y hacerse a la idea de que ya no somos fumadores. Hay que comenzar a visualizarse como una persona que fumó en el pasado, pero que ya superó ese hábito, por lo que al hablar con amigos, familiares y conocidos, no se les puede anunciar que se está dejando el cigarrillo, sino que ya no lo consumimos en absoluto.
La etapa más difícil es la fase crítica, en la que se activan nuestras dependencias psicológicas y fisiológicas, obligándonos a fumar. Para este momento es crucial cambiar de hábitos cotidianos que anulen, de una vez por todas, los factores sociales y de disponibilidad que pueden hacernos caer nuevamente en el cigarro.
